El enigma de las ananguitas: un meteorito de 11 millones de años que desafía a la ciencia australiana
Imagina un desierto australiano bañado por el sol, donde las dunas de arena guardan secretos que han esperado millones de años para ser revelados. Justo ahí, en el sur de Australia, yace uno de los misterios geológicos más fascinantes de nuestro planeta: las huellas de un impacto meteórico tan antiguo que desafía nuestra comprensión del tiempo geológico. Este no es cualquier cráter, sino uno que ha permanecido invisible a simple vista, escondiendo su historia en rocas vidriosas que solo ahora comienzan a contarnos su verdadera edad.
La historia comienza en 1969, cuando dos científicos de la NASA hicieron un descubrimiento que pasaría casi desapercibido durante décadas. Entre más de 530 tectitas -esas rocas vítreas formadas por impactos de meteoritos- encontraron ocho que eran completamente diferentes en su composición mineral. Aunque en ese momento su hipótesis sobre un impacto distinto no fue tomada en serio, el tiempo les daría la razón. Medio siglo después, un equipo internacional liderado por la geóloga italiana Anna Musolino decidió retomar esta investigación, analizando la colección del Museo de Australia Meridional en Adelaide. Lo que encontraron fue extraordinario: seis rocas que coincidían perfectamente con la descripción original de aquellas ocho anomalías.
El momento de la verdad llegó cuando aplicaron la técnica de datación argón-argón a estas rocas, ahora bautizadas como ananguitas. Los resultados dejaron a todos boquiabiertos: tenían una antigüedad de 11 millones de años, mucho más que las tectitas australianas conocidas hasta entonces. Esto significa que estamos ante evidencias de un impacto meteórico completamente distinto y mucho más antiguo de lo que se creía posible en la región. Los investigadores notaron además diferencias sistemáticas entre las ananguitas occidentales y orientales, lo que podría ser la clave para finalmente localizar el cráter original.
Lo más fascinante de este descubrimiento es que nos recuerda cuánto nos falta por aprender sobre nuestro propio planeta. Después de 11 millones de años, la Tierra ha tenido tiempo suficiente para borrar las huellas más evidentes, enterrando el cráter bajo capas de sedimentos o transformando el paisaje hasta hacerlo irreconocible. Sin embargo, las ananguitas persisten como testigos silenciosos de ese evento cataclísmico, demostrando que incluso los secretos mejor guardados eventualmente salen a la luz cuando la curiosidad científica se combina con la tecnología adecuada. Este hallazgo no solo expande nuestro conocimiento sobre la historia de impactos en Australia, sino que nos enseña una valiosa lección sobre la paciencia que requiere descifrar los misterios de nuestro planeta.





