Ciencia

Cómo las ideas indígenas sobre el tiempo no lineal pueden ayudarnos en crisis ecológicas

En nuestra sociedad moderna, estamos acostumbrados a pensar en el tiempo como una línea recta que avanza inexorablemente hacia adelante. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nuestras agendas, calendarios y proyectos siguen esta lógica lineal que domina nuestra forma de entender el mundo. Pero ¿qué pasaría si esta concepción del tiempo estuviera limitando nuestra capacidad para resolver los mayores desafíos ecológicos de nuestro tiempo?

El tiempo lineal: una construcción cultural

La idea del tiempo como una flecha que viaja en una sola dirección—del punto A, pasando por el punto B, hasta llegar al punto C—es profundamente occidental. Esta visión se consolidó con la Revolución Industrial y se fortaleció con el capitalismo moderno, donde el tiempo se convirtió en una mercancía que debía optimizarse, medirse y controlarse.

Este paradigma temporal nos ha llevado a pensar en soluciones ambientales también de manera lineal: identificamos un problema, diseñamos una solución y esperamos resultados en un futuro predecible. Sin embargo, las crisis ecológicas actuales—cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación de océanos—se resisten a este enfoque porque son complejas, interconectadas y se desarrollan en múltiples escalas temporales simultáneamente.

Las cosmovisiones indígenas del tiempo

Numerosas culturas indígenas alrededor del mundo comprenden el tiempo de maneras radicalmente diferentes. Para muchos pueblos originarios, el tiempo no es lineal sino cíclico, espiralado o incluso multidimensional. Estas perspectivas incluyen:

  • Tiempo cíclico: Donde los eventos y estaciones se repiten en patrones reconocibles
  • Tiempo espiral: Donde avanzamos pero volvemos a puntos similares con nuevas comprensiones
  • Tiempo simultáneo: Donde pasado, presente y futuro coexisten e interactúan
  • Tiempo relacional: Donde el tiempo se experimenta en relación con otros seres y fenómenos

Ejemplos concretos de temporalidades indígenas

Los mayas concebían el tiempo como una serie de ciclos superpuestos—el calendario de 260 días (tzolk’in) y el de 365 días (haab’)—que juntos creaban una rueda calendárica de 52 años. Esta visión permitía comprender patrones a largo plazo mientras se mantenía la atención en los ciclos cortos.

En Australia, muchas culturas aborígenes entienden el “Tiempo del Sueño” (Dreamtime) no como un pasado distante, sino como una realidad continua que da forma al presente. Esta perspectiva permite ver el paisaje no como un recurso estático, sino como un ser vivo con historia y agencia.

Aplicaciones prácticas para la crisis ecológica

¿Cómo podemos aplicar estas comprensiones del tiempo a los desafíos ambientales actuales? Aquí hay algunas formas concretas:

  1. Planificación intergeneracional: En lugar de planes quinquenales, considerar impactos sobre siete generaciones futuras, como practican algunas naciones iroquesas
  2. Soluciones basadas en ciclos: Diseñar sistemas agrícolas y energéticos que funcionen con los ciclos naturales en lugar de contra ellos
  3. Memoria ecológica: Incorporar conocimientos ancestrales sobre patrones climáticos y comportamientos ecosistémicos
  4. Relacionalidad: Entender que nuestras acciones afectan no solo el futuro, sino que reverberan en múltiples dimensiones temporales

Casos de éxito

En Colombia, comunidades indígenas del Amazonas han utilizado su comprensión del tiempo cíclico para desarrollar sistemas de rotación de cultivos que mantienen la fertilidad del suelo por siglos. Mientras que la agricultura industrial agota los suelos en décadas, estos sistemas indígenas los enriquecen con el tiempo.

En Nueva Zelanda, la concepción maorí del tiempo como un entrelazamiento entre ancestros, seres vivos actuales y generaciones futuras ha influido en leyes que otorgan personalidad jurídica a ríos y montañas, reconociendo su existencia en múltiples escalas temporales.

Integrando perspectivas temporales

No se trata de abandonar completamente el tiempo lineal—que es útil para ciertas aplicaciones tecnológicas y científicas—sino de complementarlo con otras formas de entender el tiempo. Esta integración podría manifestarse en:

  • Políticas ambientales que consideren tanto objetivos a corto plazo como visiones a largo plazo
  • Tecnologías que funcionen en sincronía con los ritmos naturales en lugar de imponer ritmos artificiales
  • Educación que enseñe múltiples formas de entender el tiempo y sus implicaciones ecológicas
  • Empresas que midan su éxito no solo en trimestres, sino en décadas y su impacto en ecosistemas completos

El futuro del tiempo en la era ecológica

A medida que enfrentamos crisis ambientales cada vez más complejas, necesitamos herramientas conceptuales igualmente sofisticadas. Las ideas indígenas sobre el tiempo no lineal ofrecen precisamente eso: marcos para entender la complejidad, la interconexión y la multidimensionalidad de los sistemas ecológicos.

Incorporar estas perspectivas no es solo un ejercicio académico interesante—es una necesidad práctica para navegar los desafíos del Antropoceno. Al expandir nuestra comprensión del tiempo, expandimos también nuestras posibilidades de acción y nuestra capacidad para crear futuros más sostenibles y justos.

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