México en la carrera de los chips: OCDE y ASU trazan la ruta para desarrollar semiconductores
Mientras el mundo libra una batalla silenciosa pero crucial por el control de la tecnología más pequeña y poderosa –los semiconductores–, México busca posicionarse como un jugador relevante en este campo estratégico. Un reciente reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), presentado en la Ciudad de México con la participación clave de la Arizona State University (ASU), ha encendido los reflectores sobre las oportunidades y los retos que enfrenta el país para fortalecer su ecosistema de chips.
Un diagnóstico para el futuro: el reporte de la OCDE
El documento, titulado “Impulsando el desarrollo del ecosistema de semiconductores de México”, no llega en un momento cualquiera. Con la creciente tensión geopolítica y la búsqueda global de cadenas de suministro más resilientes (un proceso conocido como “nearshoring”), México tiene una ventana de oportunidad única. El reporte, elaborado con el apoyo técnico de ASU y presentado junto con la Secretaría de Economía, funciona como una hoja de ruta que identifica los puntos clave donde el país debe actuar: desde el desarrollo de talento especializado y la urgente actualización de los planes de estudio en ingeniería, hasta una mejor coordinación entre el gobierno, la industria y las universidades.
El talento existe, falta conectar los puntos
Durante un panel de alto nivel, Jeffrey Goss, Director Ejecutivo de Alcance Global y Educación Extendida de la Ira A. Fulton Schools of Engineering de ASU, fue claro: “México cuenta con gran talento”. Sin embargo, señaló que el siguiente paso fundamental es lograr una mayor articulación. Es decir, que la política pública, las necesidades de la industria (como la automotriz y la aeroespacial, grandes consumidoras de chips) y los programas de educación superior trabajen en sincronía para escalar con competitividad a nivel internacional.
“No se trata solo de graduar más ingenieros”, podría interpretarse del mensaje, “sino de graduar ingenieros con las habilidades específicas y de vanguardia que la industria de los semiconductores demanda hoy, y sobre todo, mañana”.
El modelo ASU: formación flexible y “Inglés para semiconductores”
¿Y cómo se construye ese talento? Aquí es donde la experiencia de ASU, una universidad reconocida por su innovación en ingeniería, entra en juego. La institución compartió sus modelos de formación flexible y desarrollo docente, mismos que ya ha comenzado a implementar en colaboración con instituciones mexicanas.
Uno de los proyectos más tangibles y ambiciosos es la iniciativa “Inglés para semiconductores”, impulsada en conjunto con el Tecnológico Nacional de México (TecNM). Este programa, que ya ha alcanzado a más de 25,000 participantes, no es un simple curso de idiomas. Está diseñado específicamente para enseñar el lenguaje técnico y las competencias de comunicación necesarias para operar en la industria global de los chips, donde el inglés es la lingua franca.
¿Por qué le importa esto a la cultura geek?
Puede que la fabricación de semiconductores suene a un tema lejano, reservado para ejecutivos y políticos. Pero la realidad es que es el corazón de todo lo que amamos en la cultura digital. Desde la consola de videojuegos donde jugamos el último lanzamiento, el smartphone con el que grabamos y editamos nuestros reels, hasta la computadora que renderiza animaciones o el servidor que aloja nuestros juegos favoritos en la nube, todo funciona gracias a estos microchips.
Que México desarrolle capacidades en este campo no solo es una cuestión de economía; es una apuesta por la soberanía tecnológica y por estar en la mesa donde se diseña el futuro. Un ecosistema local fuerte de semiconductores podría, a la larga, incubar startups de hardware, impulsar la creación de dispositivos innovadores y generar empleos de alta especialización que retengan al talento mexicano en el país.
El camino no será fácil. Competir con gigantes como Taiwán, Corea del Sur o Estados Unidos requiere inversión, visión a largo plazo y, como bien destacó el reporte, una colaboración sin precedentes. Pero el primer paso, el del diagnóstico y la planeación estratégica, ya está dado. Ahora toca ver si la industria, la academia y el gobierno logran conectar los circuitos para encender la mexicana revolución de los chips.





