La Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil Aztlán (FILIAZ) bajó el telón de su segunda edición tras diez días que transformaron a Aztlán Feria de Chapultepec en el epicentro de la lectura joven en la Ciudad de México. Más que un simple evento, la feria se consolidó como un espacio de encuentro donde las historias saltaron de las páginas para convertirse en experiencias colectivas, talleres vibrantes y conversaciones que resonaron con una generación ávida de nuevas narrativas.
Con la ilustración como eje creativo central, la FILIAZ demostró que el mundo geek y la cultura juvenil tienen un aliado fundamental en los libros. La palabra y la imagen dialogaron en presentaciones, firmas de autores y actividades diseñadas específicamente para niñas, niños y jóvenes, reafirmando que el cómic, la novela gráfica y la literatura ilustrada son pilares de la cultura contemporánea. Este enfoque permitió un puente natural entre el universo de los videojuegos y el anime, y el poder de la narrativa escrita.
El compromiso social fue otra nota distintiva. La feria fortaleció su vocación de acceso a la lectura con la entrega de 6 mil vales de 250 pesos para la compra de libros entre estudiantes. Además, anunció que su impacto continuará con donaciones de libros a albergues de migrantes, al programa Alas y Raíces de la Secretaría de Cultura y a instituciones sin bibliotecas infantiles. “El cierre de la FILIAZ es un punto de partida. Hoy sembramos curiosidad, ideas y el deseo de seguir leyendo, creando y compartiendo”, destacó Mariana Estévez, directora de la feria, durante la clausura.
La feria también sirvió como plataforma para el talento mexicano en toda la cadena del libro, desde autores e ilustradores hasta editores, fomentando el intercambio de ideas y la profesionalización. La Unión de Europa, invitada de honor en esta edición, enriqueció el panorama con perspectivas internacionales. Con el anuncio oficial de que la tercera edición de la FILIAZ ya tiene fecha—del 12 al 21 de febrero de 2027—el mensaje es claro: la lectura como acto vivo, colectivo y transformador tiene una cita fija en la agenda de las nuevas generaciones.

