Por segundo año consecutivo, el hielo marino de invierno en el Ártico ha alcanzado un nivel que iguala el pico más bajo observado desde que comenzó el monitoreo por satélite en 1979. Este hallazgo, confirmado por científicos de la NASA y del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC) de la Universidad de Colorado en Boulder, subraya una tendencia preocupante que continúa marcando la transformación del clima polar.
El 15 de marzo, la extensión del hielo marino ártico alcanzó los 5.52 millones de millas cuadradas (14.29 millones de kilómetros cuadrados), una cifra muy cercana al pico de 2025 de 5.53 millones de millas cuadradas (14.31 millones de kilómetros cuadrados). Los investigadores señalan que ambos años están estadísticamente empatados, lo que refuerza la evidencia de un declive sostenido en la capa de hielo que cubre el océano Ártico durante los meses más fríos.
Un hielo más delgado y vulnerable
No solo la extensión total del hielo preocupa a los científicos, sino también su grosor. Nathan Kurtz, jefe del Laboratorio de Ciencias Criosféricas en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, explicó: “Basándonos en lo que estamos viendo con el satélite ICESat-2 de la NASA, gran parte del hielo en el Ártico es más delgado este año, especialmente en el mar de Barents, al noreste de Groenlandia”.
Esta reducción en el espesor del hielo tiene implicaciones directas para la estabilidad del ecosistema ártico y para el clima global, ya que el hielo más delgado se derrite con mayor facilidad en verano, acelerando el calentamiento de la región.
Variabilidad regional y tendencias a largo plazo
El mar de Ojotsk, que bordea el norte de Japón y Rusia, también registró niveles relativamente bajos de hielo este año. Kurtz destacó que esta es “una región que naturalmente experimenta una variabilidad significativa de un año a otro”, pero que, en conjunto con otras áreas, contribuye al panorama general de cambio.
Walt Meier, científico de hielo del NSIDC, aclaró: “Un año bajo o dos no significan necesariamente mucho por sí mismos”. Sin embargo, cuando se ven dentro de la tendencia general a la baja desde 1979, estos datos “agregan a la imagen general de cambio en el hielo marino del Ártico a lo largo de las estaciones”.
La extensión del hielo: definición y medición
La extensión del hielo marino se define como el área total del océano con al menos un 15% de concentración de hielo. En invierno, esta capa se expande debido a las bajas temperaturas, aunque gran parte se derrite en los meses más cálidos. Recientemente, se ha formado menos hielo nuevo, lo que ha resultado en una acumulación reducida de hielo multianual, más resistente y estable.
Este año, el pico de cobertura de hielo estuvo por debajo de los niveles promedio entre 1981 y 2010 en aproximadamente medio millón de millas cuadradas (alrededor de 1.3 millones de kilómetros cuadrados), una diferencia significativa que refleja la aceleración de los cambios en el Ártico.
El contraste con la Antártida
Mientras el Ártico enfrenta récords mínimos, la situación en la Antártida muestra cierta variabilidad. El 26 de febrero, el hielo marino de verano en el continente austral alcanzó un mínimo anual de 996,000 millas cuadradas (2.58 millones de kilómetros cuadrados). Aunque esta cifra es 100,000 millas cuadradas (260,000 kilómetros cuadrados) más baja que el promedio de 1981-2010, representa un aumento en comparación con los niveles inusualmente bajos de los últimos cuatro años.
El mínimo antártico de este año estuvo muy por encima del récord bajo establecido el 21 de febrero de 2023, de 691,000 millas cuadradas (1.79 millones de kilómetros cuadrados), lo que sugiere que los patrones de hielo en el Polo Sur pueden ser más complejos y menos lineales que en el Norte.
Tecnología y monitoreo: cómo se rastrea el hielo
El NSIDC ha evolucionado en sus métodos de seguimiento del hielo marino. Inicialmente, dependía principalmente de satélites del Programa de Satélites Meteorológicos de Defensa. En los últimos años, la agencia ha confiado en el Radiómetro de Escaneo Avanzado de Microondas 2 de JAXA (Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón) para obtener datos en tiempo real.
Los investigadores también comparan la cobertura de hielo con fuentes históricas, como los datos recopilados entre 1978 y 1985 por el satélite Nimbus-7, operado conjuntamente por la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Esta combinación de tecnologías permite una visión precisa y multidimensional de los cambios en las capas de hielo polares.
Implicaciones para el futuro
La reducción constante del hielo ártico tiene consecuencias que van más allá del clima local. Afecta:
- La biodiversidad: Especies como los osos polares y las focas dependen del hielo para su supervivencia.
- Las comunidades indígenas: Muchas poblaciones del Ártico basan su subsistencia en ecosistemas estables.
- El clima global: El hielo refleja la luz solar; al reducirse, el océano absorbe más calor, acelerando el calentamiento.
- La navegación: Rutas marítimas como el Paso del Noroeste se vuelven más accesibles, con implicaciones económicas y ambientales.
Los datos de la NASA y el NSIDC sirven como una alerta temprana para que gobiernos, científicos y la sociedad en general tomen medidas para mitigar el cambio climático y adaptarse a sus efectos.



