La IA ahorra más de una hora diaria a trabajadores mexicanos, pero la productividad no sube
La inteligencia artificial se ha colado en las oficinas, los home offices y las industrias de México, prometiendo ser la gran aliada de la productividad. Sin embargo, un nuevo estudio revela una paradoja digital: aunque los trabajadores ahorran un tiempo valioso gracias a estas herramientas, ese tiempo extra no se está traduciendo en un aumento tangible de resultados para las empresas. Según el informe La Fuerza Laboral del Futuro 2025 de Grupo Adecco, el empleado mexicano promedio recupera 69 minutos al día —más de una hora completa— delegando tareas a la IA. Pero aquí está el clic: ese rescate de tiempo no se correlaciona con el incremento de productividad que los jefes esperan ver.
¿A dónde se van esos preciados 69 minutos? El estudio sugiere que no siempre se reinvierten en labores de alto valor o estratégicas. En muchos casos, el tiempo ganado se diluye en otras actividades rutinarias o, simplemente, no se mide ni redirige con un propósito claro. Esto abre un debate crucial en la cultura laboral actual: tener herramientas poderosas no es suficiente; se necesita una estrategia igualmente inteligente para usarlas. Giovanni Chávez Sánchez, Director de Innovación de Adecco México, lo explica así: “El éxito del rediseño de las funciones dependerá de la colaboración abierta entre empleadores y empleados. A medida que las actividades laborales evolucionan con la tecnología, el propósito, el valor y la confianza afianzan nuestra humanidad en el lugar de trabajo”.
El diagnóstico del estudio va más allá de la gestión del tiempo y apunta a un problema de fondo en la conexión con el trabajo. Los números son elocuentes: solo el 32% de los empleados en México puede medir con seguridad el impacto de lo que hace cada día. Además, únicamente un 36% afirma sentir un fuerte sentido de propósito en su chamba diaria, una cifra que queda muy por debajo del promedio global del 46%. Esto pinta un escenario donde, a pesar de los avances tecnológicos, una parte importante de la fuerza laboral opera en piloto automático, sin una brújula clara sobre cómo su esfuerzo contribuye al gran objetivo.
Esta brecha entre el potencial de la IA y la realidad productiva es, en esencia, un problema de comunicación y diseño de roles. Los empleadores tienen la responsabilidad de trazar un mapa claro: explicar la visión de la empresa y mostrar cómo tanto las personas como la IA pueden sumar para llegar ahí. No se trata solo de dar acceso a ChatGPT o a un software de automatización, sino de reimaginar los puestos de trabajo en colaboración con los empleados, definiendo qué tareas son las que realmente mueven la aguja. La adopción de agentes de IA se acelera, y con ella la urgencia de generar confianza y ofrecer una experiencia laboral donde la tecnología libere el talento humano para lo que realmente importa. El futuro del trabajo no es una batalla entre humanos y máquinas, sino la habilidad de formar el mejor equipo posible con ambos.




