Durante décadas, la física de partículas ha operado bajo un paradigma aparentemente inquebrantable: en nuestro universo tridimensional, cada partícula elemental se clasifica como bosón o fermión. Los primeros, como los fotones, actúan como portadores de fuerzas fundamentales; los segundos, incluyendo electrones, protones y neutrones, constituyen la materia que conocemos. Pero ¿qué sucede cuando reducimos las dimensiones del espacio? Un equipo de investigadores acaba de descubrir que, en sistemas unidimensionales, esta clasificación binaria comienza a desmoronarse, revelando un nuevo tipo de partículas que desafían todo lo que creíamos saber.
El hallazgo, publicado recientemente en una prestigiosa revista científica, no solo representa un avance teórico monumental, sino que podría tener implicaciones prácticas en campos como la computación cuántica y la electrónica del futuro. “Estamos presenciando el nacimiento de una nueva categoría de partículas”, explica la Dra. Elena Rodríguez, física teórica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que participó en la investigación. “En sistemas unidimensionales, emergen comportamientos que simplemente no existen en tres dimensiones”.
Para entender la magnitud de este descubrimiento, debemos retroceder un paso. En la física convencional, los bosones siguen la estadística de Bose-Einstein y pueden ocupar el mismo estado cuántico simultáneamente. Los fermiones, regidos por la estadística de Fermi-Dirac, obedecen el principio de exclusión de Pauli: dos partículas idénticas no pueden ocupar el mismo estado cuántico al mismo tiempo. Esta distinción fundamental explica desde la superconductividad hasta la estructura atómica.
Sin embargo, en sistemas unidimensionales—como nanocables extremadamente delgados o cadenas moleculares perfectamente alineadas—las reglas cambian radicalmente. Los investigadores descubrieron que ciertas excitaciones cuánticas en estos sistemas no pueden clasificarse ni como bosones ni como fermiones. En su lugar, exhiben propiedades híbridas o completamente nuevas, desafiando la taxonomía establecida desde hace casi un siglo.
“Imagina un mundo donde las partículas no siguen las reglas del nuestro”, comenta el Dr. Carlos Méndez, investigador del Instituto de Física de la UNAM. “En una dimensión, las interacciones entre partículas son tan intensas que emergen fenómenos colectivos que no tienen análogo en dimensiones superiores. Estas ‘partículas extrañas’, como las llamamos provisionalmente, son manifestaciones de esos fenómenos colectivos”.
El experimento clave involucró sistemas de electrones confinados en estructuras cuasi-unidimensionales a temperaturas cercanas al cero absoluto. Utilizando técnicas avanzadas de espectroscopía y simulaciones cuánticas, el equipo observó excitaciones que no correspondían a ningún patrón conocido de bosones o fermiones. “Fue como descubrir un nuevo color”, describe la Dra. Rodríguez. “No solo era diferente a lo conocido, sino que requería un nuevo marco conceptual para ser entendido”.
Las implicaciones de este descubrimiento son múltiples. En el campo de la computación cuántica, estas partículas unidimensionales podrían ofrecer nuevas vías para crear qubits más estables o sistemas de corrección de errores. En electrónica, podrían manejar al desarrollo de dispositivos con propiedades de transporte nunca antes vistas. “Estamos hablando de materiales que podrían revolucionar cómo transmitimos y procesamos información”, señala el Dr. Méndez.
Pero el impacto va más allá de las aplicaciones prácticas. Filosóficamente, este hallazgo cuestiona nuestra comprensión misma de qué constituye una partícula. “En física, solemos pensar en partículas como entidades fundamentales e indivisibles”, reflexiona la Dra. Rodríguez. “Pero en sistemas unidimensionales fuertemente correlacionados, lo que llamamos ‘partícula’ es en realidad una excitación colectiva del sistema completo. Es un cambio de paradigma que resonará en toda la física teórica”.
El camino por delante es emocionante pero desafiante. Los investigadores ahora trabajan en caracterizar completamente las propiedades de estas nuevas partículas, determinar si existen subcategorías dentro de ellas, y explorar sistemas materiales donde puedan observarse experimentalmente de manera más accesible. “Este es solo el primer capítulo de una historia mucho más larga”, anticipa el Dr. Méndez. “Cada vez que expandimos los límites dimensionales de nuestra exploración, descubrimos que el universo es más extraño y maravilloso de lo que imaginábamos”.
Para la comunidad científica mexicana, este descubrimiento representa un logro significativo. “Demuestra que en México tenemos la capacidad de contribuir a la frontera del conocimiento en física fundamental”, afirma con orgullo la Dra. Rodríguez. El equipo incluyó colaboradores de instituciones internacionales, pero el núcleo de la investigación se desarrolló en laboratorios mexicanos, utilizando tanto equipamiento local como acceso a instalaciones de clase mundial.
Mientras la física continúa explorando las implicaciones de este hallazgo, una cosa es clara: nuestra comprensión del mundo cuántico acaba de volverse más rica, más compleja y más fascinante. Las partículas unidimensionales no solo desafían categorías establecidas; nos invitan a repensar qué es posible en los límites más extremos de la realidad física.





