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Ciencia

Gas lacrimógeno y spray de pimienta: efectos duraderos en la salud

En protestas, manifestaciones y situaciones de control de multitudes, dos elementos se han vuelto comunes en el arsenal de las fuerzas de seguridad: el gas lacrimógeno y el spray de pimienta. Aunque se promocionan como métodos “no letales” para dispersar aglomeraciones, la realidad es que sus efectos pueden extenderse mucho más allá del momento de la exposición. Mientras las imágenes de nubes blancas y personas con los ojos irritados inundan las noticias, pocos hablan de lo que ocurre después, cuando las cámaras se apagan y las calles se vacían.

¿Qué son realmente estos químicos?

El gas lacrimógeno, cuyo nombre técnico es clorobenzilideno malononitrilo (CS), es un compuesto químico que irrita las membranas mucosas de los ojos, la nariz, la boca y los pulmones. Provoca lagrimeo intenso, estornudos, tos, dificultad para respirar y dolor en el pecho. Por otro lado, el spray de pimienta (también conocido como OC spray) contiene capsaicina, el componente activo de los chiles, que causa una sensación de ardor inmediata en la piel y los ojos.

Ambos se utilizan ampliamente en todo el mundo bajo el argumento de que son alternativas seguras a la fuerza letal. Sin embargo, la evidencia científica está comenzando a pintar un panorama diferente, uno donde “no letal” no significa “inocuo”.

Efectos inmediatos vs. consecuencias a largo plazo

Lo que se ve en el momento

La exposición aguda a estos químicos produce síntomas que, aunque intensos, suelen considerarse temporales:

  • Irritación ocular severa y lagrimeo
  • Dificultad para respirar y sensación de asfixia
  • Quemaduras en la piel y erupciones cutáneas
  • Náuseas y vómitos
  • Desorientación y pánico

Lo que permanece después

Lo que preocupa a los investigadores son los efectos que persisten semanas, meses o incluso años después de la exposición:

  • Problemas respiratorios crónicos: Estudios han documentado casos de asma persistente, bronquitis crónica y disminución de la función pulmonar en personas expuestas repetidamente.
  • Daño ocular permanente: Algunas víctimas reportan sensibilidad a la luz, visión borrosa y conjuntivitis recurrente mucho tiempo después de la exposición.
  • Trastornos psicológicos: El trauma de la exposición puede desencadenar ataques de pánico, ansiedad y trastorno de estrés postraumático.
  • Complicaciones en poblaciones vulnerables: Niños, ancianos, personas con condiciones respiratorias preexistentes y mujeres embarazadas enfrentan riesgos particularmente elevados.

La ciencia detrás del riesgo

La investigación sobre los efectos a largo plazo de estos químicos es sorprendentemente limitada. Esto se debe en parte a que:

  1. La mayoría de los estudios se centran en exposiciones controladas en laboratorio, no en situaciones reales de protesta donde las dosis pueden ser mucho mayores.
  2. Existe poca investigación de seguimiento a largo plazo de las personas expuestas.
  3. Las empresas fabricantes no están obligadas a realizar estudios exhaustivos sobre efectos crónicos.

Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association encontró que entre el 5% y el 15% de las personas expuestas a gas lacrimógeno desarrollan síntomas respiratorios persistentes. Otro investigación en Turquía documentó casos de fibrosis pulmonar (cicatrización del tejido pulmonar) en personas expuestas repetidamente durante protestas.

El contexto mexicano y global

En México, el uso de gas lacrimógeno y spray de pimienta ha sido documentado en numerosas protestas y operativos de seguridad. Lo preocupante es que, en muchos casos, se utilizan en espacios cerrados o contra poblaciones que no pueden escapar fácilmente, aumentando la concentración y duración de la exposición.

A nivel global, organizaciones como Amnistía Internacional y Physicians for Human Rights han llamado a reevaluar el uso de estos químicos, argumentando que:

  • Se utilizan de manera indiscriminada, afectando a manifestantes pacíficos, periodistas y transeúntes por igual.
  • Existen alternativas menos dañinas para el control de multitudes.
  • La falta de regulación estricta permite abusos y uso excesivo.

¿Qué se puede hacer?

Ante esta realidad, expertos en salud pública y derechos humanos proponen varias medidas:

Para autoridades y fuerzas de seguridad

  • Establecer protocolos estrictos sobre cuándo y cómo usar estos químicos
  • Capacitar al personal en primeros auxilios para exposición química
  • Invertir en investigación sobre alternativas verdaderamente seguras
  • Crear sistemas de monitoreo y reporte de incidentes

Para la ciudadanía

  • Conocer los riesgos reales de estos químicos
  • Aprender técnicas básicas de descontaminación (no frotarse los ojos, lavarse con agua limpia, quitarse la ropa contaminada)
  • Buscar atención médica si los síntomas persisten más de 24 horas
  • Documentar y reportar casos de uso excesivo o inapropiado

El futuro del control de multitudes

La tecnología ofrece alternativas interesantes que podrían reducir la dependencia de químicos dañinos. Sistemas de sonido direccional, barreras de agua a presión controlada y técnicas de desescalamiento psicológico están siendo probadas en varios países. Sin embargo, ninguna solución es perfecta, y todas requieren un cambio fundamental en cómo las autoridades conciben el manejo de protestas y multitudes.

Lo que está claro es que el debate sobre el gas lacrimógeno y el spray de pimienta va más allá de la efectividad inmediata. Se trata de equilibrar la seguridad pública con el derecho a la salud y la integridad física de los ciudadanos. En un mundo donde las protestas son cada vez más comunes, encontrar este equilibrio no es solo deseable, sino necesario.

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