En un ejercicio de nostalgia automotriz, recordamos una comparativa publicada en mayo de 2001 por Car and Driver que enfrentó a cinco convertibles de cuatro asientos. El resultado fue un choque de dos eras: por un lado, tres descapotables modernos con tracción delantera y motor V6, silenciosos y refinados; por el otro, la rivalidad clásica entre Mustang y Camaro, con motor V8 y tracción trasera. Dos pruebas en una, con un presupuesto límite de 30,000 dólares.
El campo de batalla: cinco convertibles al límite de los $30,000
La idea era simple: reunir los mejores descapotables de cuatro asientos disponibles por menos de 30,000 dólares. Todos equipados con transmisión automática y el mejor motor posible dentro del presupuesto. Esto permitió que el Chevrolet Camaro Z28 y el Ford Mustang GT entraran con motores V8, mientras que el resto (Chrysler Sebring, Mitsubishi Eclipse Spyder GT y Toyota Camry Solara) llegaron con V6. El Pontiac Firebird se quedó fuera porque su versión V8 superaba el precio tope.
La ruta de prueba abarcó más de 1,100 kilómetros en el sur de California, desde autopistas planas hasta montañas nevadas, pasando por el desierto de Anza-Borrego. El clima fue variado: sol, lluvia, nieve y aguanieve.
Quinto lugar: Toyota Camry Solara SLE
El Solara era el más caro del grupo ($31,887) y el que ofrecía el mejor equipamiento: asientos de cuero con ajuste eléctrico, bolsas de aire laterales y control de clima automático. Sin embargo, su comportamiento dinámico lo hundió. Los evaluadores lo describieron como “sin un solo hueso deportivo”. Su subviraje excesivo, carrocería flexible y respuesta lenta lo hicieron el más lento en el cambio de carril de emergencia y en la pista de derrape (0.74 g). Aceleraba de 0 a 60 mph en 8.5 segundos, superado incluso por el Sebring. Además, la turbulencia en la cabina con la capota baja y los problemas de sellado del parabrisas empañaron su imagen. Veredicto: Un paseo de boulevard que se desvanece en carreteras con curvas.
Cuarto lugar: Ford Mustang GT
El Mustang GT, con su motor V8 de 4.6 litros y 260 hp, fue el segundo más rápido en aceleración (0-60 en 6.0 segundos) y el mejor en el cambio de carril. Sin embargo, sus asientos tipo “silla de comedor” y la posición de manejo incómoda para personas altas generaron quejas generalizadas. La cabina era ruidosa, el sellado de ventanas requería múltiples intentos y la cajuela era difícil de instalar. Su chasis de eje vivo, aunque efectivo, se sentía anticuado frente a los rivales. Veredicto: Sigue siendo un ícono estadounidense, pero por razones no del todo claras.
Tercer lugar: Chrysler Sebring Limited
El Sebring, rediseñado ese año, ofrecía la mejor relación calidad-precio. Su nuevo motor V6 de 2.7 litros generaba 200 hp, pero era el más lento del grupo (0-60 en 8.9 segundos). Sin embargo, su marcha suave, el menor ruido interior, la capota más fácil de operar y un interior elegante (con cuero color crema y detalles en madera) lo hicieron destacar. Su trasera era espaciosa y accesible. Veredicto: Un descapotable compuesto y espacioso que lo entrega todo excepto velocidad.
Segundo lugar: Mitsubishi Eclipse Spyder GT
La sorpresa de la prueba. Con la distancia entre ejes más corta y el peso más bajo, el Eclipse demostró un manejo neutral y una dirección precisa que superó a todos los de tracción delantera. Su motor V6 de 3.0 litros rendía 200 hp y aceleraba de 0 a 60 en 8.2 segundos, el mejor entre los delanteros. La transmisión Sportronic (manumática) era más intuitiva que la AutoStick del Chrysler. Sus asientos delanteros fueron calificados como los mejores del grupo. Las desventajas: asientos traseros casi inútiles, pestillos de capota difíciles y ruido de viento con la capota puesta. Veredicto: Un compañero entusiasta en caminos sinuosos, a solo unos caballos de ser el mejor.
Primer lugar: Chevrolet Camaro Z28
El ganador indiscutible por rendimiento. Su motor V8 LS1 de 5.7 litros y 310 hp lo catapultaba de 0 a 60 en solo 5.2 segundos y recorría el cuarto de milla en 13.8 segundos. En carreteras de montaña era imparable, con una agilidad que contrastaba con su chasis de eje vivo. Sin embargo, su interior de plástico y “piel de ratón” era vergonzoso para un auto de $30,000, y los asientos traseros eran igual de inútiles que en el Mustang. Los problemas de calidad incluyeron ruidos en el mecanismo de la capota y filtraciones de aire. Veredicto: Sí, es un bárbaro. Pero es nuestro tipo de bárbaro.





