Del 10 de octubre al 14 de noviembre, Cinema Tepito presenta la segunda edición de Pa’ raspar la chancla, un ciclo que cruza cine y culturas musicales a través del rock mexicano, el high energy, el synthpop y otras escenas que han creado identidad, comunidad y memoria colectiva.
El proyecto reúne cuatro funciones gratuitas que combinan cine, archivo musical, realizadores, músicos y distintas comunidades alrededor de la música en el Foro Martes de Arte, en Tepito. Realizado con el apoyo de FOCINE–IMCINE, el segundo volumen pone el oído en las escenas musicales que han creado identidad, tribu y memoria colectiva, con el rock mexicano como uno de sus principales puntos de partida, atravesando también el high energy, el synthpop, la electrónica y otras culturas musicales que han encontrado en México públicos capaces de apropiárselas, transformarlas y hacerlas propias.
La selección reúne Ciudad de ciegos, de Alberto Cortés; Discolocos, de David Dávila; el concierto Exorcismo en Los Pinos de Santa Sabina, dirigido por Paco Guerrero; y Depeche Mode: M, de Fernando Frías de la Parra, además de cortometrajes, videoclips y materiales de archivo que permiten ampliar la memoria de las escenas retratadas. Entre estos materiales se encuentran episodios de la serie documental Águila o Rock, dedicada a recuperar distintas historias y protagonistas del rock mexicano, que acompañarán algunas de las funciones del ciclo.
De la pantalla a la pista
En Pa’ raspar la chancla Vol. 2, la experiencia no termina cuando aparecen los créditos. Cada función busca extender lo que sucede en pantalla hacia el encuentro entre películas, realizadores, músicos, públicos y las comunidades retratadas. Por ello, la programación combina largometrajes y documentales con cortometrajes, archivo musical, conversaciones con invitados y activaciones vinculadas con cada película.
Del rock al high energy, del postpunk al synthpop, Cinema Tepito propone cuatro noches para mirar el cine desde las culturas musicales que han hecho de una canción, un concierto o una pista de baile espacios de identidad y pertenencia. Porque la película termina, pero el bailongo sigue.





