El cortisol es conocido popularmente como ‘la hormona del estrés’, pero su función va mucho más allá de esta etiqueta simplista. Producido por nuestras glándulas suprarrenales, esta hormona es esencial para nuestro funcionamiento diario, desde ayudarnos a despertarnos por las mañanas hasta regular nuestro metabolismo. Sin embargo, como en casi todo en la vida, el equilibrio es clave: tanto el exceso como la deficiencia de cortisol pueden convertirse en problemas de salud serios que requieren atención médica especializada. En este artículo exploraremos cómo funciona realmente esta hormona y por qué los llamados ‘cócteles de cortisol’ que prometen milagros probablemente no sean la solución que muchos esperan.
Nuestro cuerpo produce cortisol siguiendo un ritmo circadiano natural: los niveles son más altos por la mañana, ayudándonos a despertar con energía, y van disminuyendo a lo largo del día hasta alcanzar su punto más bajo durante la noche. Este patrón saludable puede verse alterado por el estrés crónico, malos hábitos de sueño o alimentación a deshoras, lo que lleva a una producción ‘desfasada’ de cortisol que mantiene niveles elevados incluso en horarios nocturnos. Expertos endocrinólogos como Andrea Giustina y Andrea Isidori explican que estas alteraciones sutiles, aunque no constituyen patologías como el síndrome de Cushing o la enfermedad de Addison, pueden contribuir a problemas como aumento de peso abdominal, alteraciones en los niveles de azúcar en sangre, hipertensión, debilidad muscular e incluso trastornos del sueño y cambios de humor significativos.
Frente a estos desajustes, han surgido en el mercado los llamados ‘cócteles de cortisol’, bebidas que prometen regular milagrosamente los niveles de esta hormona. Estas preparaciones, generalmente a base de jugos naturales, agua de coco, colágeno y minerales como potasio y magnesio, se presentan como soluciones rápidas para el estrés moderno. Sin embargo, los especialistas son claros: no existe evidencia científica que respalde su efectividad. Isidori advierte que ‘estas bebidas no tienen ningún efecto real sobre los niveles de cortisol, y afortunadamente no funcionan: necesitamos cortisol para levantarnos de la cama por la mañana’. Además, su contenido en azúcares y minerales podría ser contraproducente para personas con diabetes, problemas renales o de presión arterial.
La verdadera regulación del cortisol requiere un enfoque integral que priorice mantener nuestros ritmos biológicos naturales. Esto incluye respetar los ciclos de luz y oscuridad, evitar comer demasiado tarde en la noche, realizar actividad física moderada en horarios adecuados y, fundamentalmente, gestionar el estrés mediante técnicas de relajación y buenos hábitos de sueño. Cuando se sospecha de un desajuste importante, la consulta con un endocrinólogo es esencial para descartar patologías subyacentes mediante pruebas especializadas. Al final, entender que el cortisol no es nuestro enemigo sino un aliado que necesita equilibrio nos ayuda a abordar el estrés desde una perspectiva más sana y realista, sin caer en soluciones mágicas que prometen mucho pero cumplen poco.





