Estilo de Vida

Viajar más, poseer menos: por qué el modelo tradicional de segunda propiedad empieza a perder sentido

El turismo en México vive un momento histórico. Con un PIB turístico que no deja de crecer y más de 4.6 millones de empleos generados, el sector se consolida como uno de los motores económicos más importantes del país. Sin embargo, más allá de las cifras macro, hay un cambio silencioso pero profundo en la forma en que las personas viajan: estancias más cortas, escapadas más frecuentes y una demanda creciente de flexibilidad. Este nuevo comportamiento está poniendo en jaque un modelo que durante décadas fue sinónimo de estatus y seguridad: la segunda propiedad.

Durante años, tener una casa o departamento en la playa, el bosque o la montaña fue el sueño de muchas familias mexicanas. Representaba no solo un lugar de descanso, sino una inversión patrimonial. Sin embargo, la realidad actual muestra una brecha incómoda entre el costo de mantener una propiedad y el uso real que se le da. Según datos del sector, muchos inmuebles de este tipo permanecen vacíos más de 45 semanas al año, mientras sus dueños siguen pagando mantenimiento, impuestos, servicios y, en muchos casos, créditos hipotecarios. El resultado: un activo que, lejos de ser una fuente de disfrute, se convierte en una carga financiera y emocional.

Para Ricardo Straffon, fundador y CEO de Sofía Fractional Residence Club, el fenómeno no es una moda pasajera, sino una transformación estructural. “El mercado inmobiliario no está cambiando por sí solo; está respondiendo a una nueva forma de vivir y consumir destinos. Modelos como la propiedad fraccionada surgen como una manera más eficiente de alinear inversión con uso real”, explica. La idea es simple pero poderosa: en lugar de comprar una propiedad entera que se usa solo unas semanas al año, se adquiere una fracción de ella —generalmente entre una y cuatro semanas— con todos los derechos de uso y plusvalía, pero sin los costos fijos de una propiedad completa.

Este esquema, que ya ha ganado tracción en mercados como Estados Unidos y Europa, empieza a encontrar eco en México, especialmente entre jóvenes profesionales, parejas sin hijos y nómadas digitales que priorizan las experiencias sobre la acumulación de bienes. La lógica patrimonial cambia: ya no se trata de poseer un lugar, sino de tener acceso garantizado a destinos de alta calidad sin ataduras. Además, modelos como el de Sofía Fractional Residence Club ofrecen rotación entre distintas ubicaciones, lo que permite a los usuarios disfrutar de playa, montaña y ciudad en un solo esquema, algo impensable con la propiedad tradicional.

El contexto actual también favorece esta transición. La inflación, el aumento en las tasas de interés y la incertidumbre económica han hecho que muchos compradores potenciales piensen dos veces antes de adquirir una segunda vivienda. En contraste, la propiedad fraccionada requiere una inversión inicial mucho menor y elimina los dolores de cabeza asociados al mantenimiento y la administración. Las empresas que gestionan estos clubes se encargan de todo: limpieza, reparaciones, servicios y hasta la renta de las semanas no utilizadas, generando ingresos adicionales para los propietarios.

¿El fin de la segunda propiedad?

No necesariamente. Pero sí una evolución. La segunda propiedad tradicional no desaparecerá, pero dejará de ser la opción dominante para quienes buscan maximizar su inversión y su tiempo. El futuro del turismo inmobiliario apunta hacia modelos más flexibles, colaborativos y eficientes. En un mundo donde viajar se ha vuelto una prioridad generacional, poseer menos para vivir más no es solo una frase de Instagram: es una decisión financiera cada vez más sensata.

DEJAR UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *