La diseñadora española Juana Martín, una de las voces más relevantes de la moda contemporánea de su país y nombre imprescindible en la alta costura internacional, presentó por primera vez su universo creativo en Ciudad de México. El desfile se celebró en la Residencia del embajador de España en México, en una cita cargada de simbolismo y emoción.
Juana Martín, nacida en Córdoba en 1974, es actualmente la única mujer española que ha formado parte del calendario oficial de la Semana de la Alta Costura de París. En 2024 fue distinguida con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, otorgada por el Ministerio de Cultura de España, reconocimiento que consolida una trayectoria marcada por la innovación, la identidad cultural y la excelencia artesanal.
Esta presentación marcó un momento especialmente significativo en su carrera: la primera vez que la diseñadora cruzó el Atlántico para compartir su trabajo en un país que, para muchos españoles, se siente profundamente como un hogar. México representa cercanía, historia compartida y una conexión emocional que convirtió este encuentro en un acontecimiento especialmente esperado y profundamente deseado.
La inspiración de esta colección nació precisamente de ese diálogo entre España y México, situando en el centro a las mujeres y al poder del folclore como vehículo de identidad, expresión y belleza. La propuesta rindió homenaje a aquellas grandes figuras femeninas que construyeron puentes culturales entre ambos países, mujeres cuya carrera artística resonó con igual fuerza a ambos lados del Atlántico.
Referentes como Lola Flores y Rocío Dúrcal inspiraron esta narrativa: mujeres que partieron de una estética profundamente tradicional, vinculada al imaginario flamenco, y que supieron transformarla en modernidad, sensualidad y sofisticación. Ellas hicieron del folclore un lenguaje de estilo; convirtieron la tradición en espectáculo y proyectaron una feminidad poderosa, sofisticada y profundamente auténtica. Esa misma esencia atravesó toda la colección de Juana Martín.
En el universo creativo de la diseñadora, el volante constituye su lenguaje visual más reconocible y su principal sello de identidad. En esta propuesta, volvió a reinventarlo en múltiples dimensiones: llevado al volumen escultórico en tres dimensiones, trabajado en tejidos fluidos y ligeros con gran caída, o en materiales estructurados como tafetas, organzas y sedas. En algunos diseños, incluso, el volante se expandió más allá de la propia prenda, casi como una extensión viva del cuerpo. Acompañando a estos vestidos, las joyas de la diseñadora mexicana Gabriela Sánchez lucieron y elevaron el resultado final de cada propuesta.
Otro elemento fundamental de su imaginario son los lunares, reinterpretados en combinaciones que mantienen viva la esencia del folclore español y mexicano.

