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Alemania, Francia e Italia buscan derogar la prohibición de motores de combustión

Berlín, 18 de octubre de 2026. El canciller alemán Friedrich Merz ha declarado durante la cumbre europea que la prohibición de los motores de combustión “ya es historia”, tras alcanzar un entendimiento con el presidente francés Emmanuel Macron y sumar el respaldo de Italia. La noticia sacude al sector automotriz mundial porque pone en jaque la fecha de 2035, cuando Europa pretendía vetar la venta de autos nuevos con motores de gasolina y diésel. Para México y Latinoamérica, donde la industria automotriz es pilar económico y la electromovilidad avanza a otro ritmo, este giro podría redefinir las reglas del juego en exportaciones, inversiones y tecnología disponible en el mercado.

¿Qué pasó y por qué importa?

En el marco de la cumbre europea, Merz aseguró que su gobierno y el francés han acordado una propuesta para flexibilizar las restricciones previstas para los motores de combustión interna. Según sus palabras, Italia también está “ampliamente de acuerdo” con el planteamiento. La declaración, aunque contundente, no implica que la normativa europea haya cambiado ya: se trata de una iniciativa que deberá pasar por el procedimiento legislativo comunitario, con la participación del Consejo y el Parlamento Europeo. Sin embargo, el canciller alemán confía en que el apoyo es suficiente para acelerar las negociaciones.

La relevancia para nuestra región es directa. Europa es uno de los principales socios comerciales de México en el sector automotriz, y muchas armadoras alemanas, francesas e italianas tienen plantas en el país. Un cambio en la política europea sobre el fin de los motores de combustión podría influir en las decisiones de inversión y en la estrategia de electrificación de esas empresas en América Latina. Además, el debate sobre la “neutralidad tecnológica” resuena en un contexto donde los biocombustibles y los híbridos son opciones viables para reducir emisiones sin depender exclusivamente del auto eléctrico.

El acuerdo entre Alemania y Francia: los detalles

El entendimiento entre Berlín y París mantiene el objetivo de reducir en un 90% las emisiones de CO₂ de los autos nuevos a partir de 2035, pero elimina la obligación de compensar el 10% restante. En la práctica, esto otorgaría más margen a los fabricantes para seguir comercializando vehículos de combustión, siempre que cumplan con ciertos requisitos ambientales, sin quedar atados únicamente al auto eléctrico.

Merz ha sido enfático: “Siempre hemos reclamado neutralidad tecnológica, no apostar exclusivamente por una determinada tecnología”. Con esta frase, el canciller defiende que la regulación permita a la industria elegir entre distintas soluciones —eléctricos, híbridos, combustibles sintéticos o biocombustibles— para lograr los objetivos climáticos. La postura contrasta con la visión más rígida que había prevalecido en Bruselas, donde se apostaba por el vehículo eléctrico como única vía para descarbonizar el transporte.

Italia se suma al bloque

El respaldo de Italia, confirmado por Merz a partir de conversaciones con representantes de Roma, consolida una alianza de tres pesos pesados de la industria automotriz europea. Juntos, Alemania, Francia e Italia representan una parte sustancial de la producción y el empleo del sector en el continente. Su alineación envía una señal clara al resto de los Estados miembros y a las instituciones europeas sobre la necesidad de revisar el rumbo.

“Creo que podremos adoptar una decisión en este sentido a escala europea con relativa rapidez”, añadió Merz, quien también mencionó que las conversaciones con otras delegaciones están recibiendo una “respuesta muy favorable” y “mucho apoyo”.

El contexto: la fecha de 2035 en el aire

La Unión Europea había establecido que a partir de 2035 solo se venderían autos nuevos con cero emisiones, lo que en la práctica prohibía los motores de combustión. La medida, aprobada en 2023, enfrentó desde el inicio la resistencia de varios gobiernos y de la propia industria, que argumentaba falta de infraestructura de carga, costos elevados y pérdida de competitividad frente a China y Estados Unidos.

Con este nuevo escenario, la fecha de 2035 queda en entredicho. Aunque el objetivo de reducción de emisiones se mantiene, la flexibilización permitiría que los motores de combustión sigan presentes en el mercado europeo más allá de esa fecha, siempre que se compensen sus emisiones con otras tecnologías o combustibles alternativos. Para los fabricantes, esto significa más tiempo para adaptarse y menores presiones para abandonar de golpe la producción de vehículos tradicionales.

Implicaciones para México y Latinoamérica

La industria automotriz mexicana está estrechamente ligada a Europa. Marcas como Volkswagen, Audi, BMW, Mercedes-Benz, Renault, Stellantis (con plantas de Fiat, Alfa Romeo, Peugeot y Citroën) tienen operaciones en el país. Un cambio en la regulación europea podría traducirse en:

  • Mayor inversión en tecnologías de transición: las armadoras podrían destinar recursos a híbridos y combustibles alternativos en lugar de acelerar únicamente la producción de eléctricos.
  • Impacto en exportaciones: si Europa relaja sus estándares, los autos producidos en México con motores de combustión podrían seguir teniendo mercado europeo por más tiempo.
  • Repercusión en políticas locales: países como México, Brasil o Argentina podrían replantear sus propias metas de electromovilidad y adoptar un enfoque de neutralidad tecnológica.

Además, el debate europeo llega en un momento en que Latinoamérica busca acelerar su transición energética. La flexibilización podría ser vista como un respiro para aquellos mercados donde la infraestructura de carga aún es incipiente y los autos eléctricos son todavía costosos.

Próximos pasos en la legislación europea

La propuesta franco-alemana, con el apoyo italiano, deberá ahora recorrer el camino legislativo comunitario. El Consejo Europeo y el Parlamento Europeo tendrán que debatir y eventualmente aprobar los cambios. Merz se muestra optimista sobre la rapidez, pero el proceso podría enfrentar resistencia de países como los nórdicos o de grupos ecologistas en el Parlamento.

Mientras tanto, la industria automotriz europea celebra la señal. Los fabricantes han insistido durante años en que la prohibición total de los motores de combustión era demasiado abrupta y ponía en riesgo empleos y competitividad. Ahora, con el respaldo de tres grandes potencias, el escenario de 2035 ya no parece tan inamovible.

Conclusión: un giro que redefine el futuro del auto

La declaración de Friedrich Merz marca un punto de inflexión en la política climática europea. La alianza con Francia e Italia para derogar la prohibición de los motores de combustión abre la puerta a un enfoque más flexible, donde la neutralidad tecnológica gana terreno. Para México y América Latina, este cambio no es ajeno: la región observa de cerca cómo se reconfigura el tablero global de la movilidad, y las decisiones que se tomen en Bruselas en los próximos meses podrían influir en las inversiones, la producción y las políticas públicas locales. La noticia de hoy es clara: la prohibición de los motores de combustión “ya es historia”, según Alemania, y el futuro del auto se escribe con más opciones sobre la mesa.

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