El futuro de la conectividad: un cable submarino entre Canarias y Marruecos que podría cambiar el juego
En un mundo donde la conectividad es clave, un ambicioso proyecto busca tender un cable submarino de fibra óptica entre Canarias y Marruecos, prometiendo revolucionar la comunicación entre Europa y África. Con una inversión de 49 millones de euros, esta iniciativa no solo busca mejorar la infraestructura digital de las islas, sino también posicionarlas como un nodo estratégico en el intercambio de datos entre continentes. Sin embargo, este proyecto no está exento de controversias, especialmente cuando se acerca a las aguas del Sáhara Occidental, un territorio con un estatus legal complejo.
El proyecto, conocido como Anillo de las Islas de Oriente, conectará inicialmente las islas de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura con tecnología de última generación, para luego extenderse hasta Tarfaya, en Marruecos. Aunque el gobierno canario ha sido claro en que el cable no cruzará la frontera del Sáhara Occidental, Marruecos ha expresado su intención de extenderlo hacia lo que denomina sus ‘provincias del sur’. Esta situación pone a España en una posición delicada, ya que la Unión Europea reconoce al Frente Polisario como representante legítimo del pueblo saharaui y cualquier actividad económica en la región requiere de su consentimiento.
Este cable submarino no es solo una cuestión de tecnología y negocios; es también un tema de derechos y soberanía. Con el precedente de disputas legales en la UE por actividades económicas en el Sáhara Occidental sin el aval del Frente Polisario, el proyecto podría enfrentar desafíos legales si Marruecos decide extender el cable más allá de Tarfaya. Mientras Canarias avanza en su objetivo de convertirse en un hub digital, el mundo observa cómo se desarrolla esta compleja trama de intereses económicos, legales y políticos.
Al final, este proyecto subraya la importancia de la conectividad en el siglo XXI, pero también nos recuerda que, en un mundo globalizado, las fronteras y los derechos siguen siendo temas pendientes. La pregunta no es solo si Canarias logrará su sueño de ser un puente digital entre continentes, sino también cómo se equilibrarán los intereses en juego en un territorio marcado por el conflicto y la diplomacia.





