Ciencia

La genética detrás de las orejas caídas de los perros: cómo un gen humano determina su forma

¿Alguna vez te has preguntado por qué algunos perros tienen orejas largas y caídas como un basset hound, mientras otros las tienen erectas y puntiagudas como un pastor alemán? La respuesta podría estar en nuestros propios genes. Un estudio genético revolucionario presentado en la Conferencia del Genoma de Plantas y Animales en San Diego, California, revela que variantes de ADN cerca de un gen llamado MSRB3 —importante para la audición humana— determinan la longitud y forma de las orejas caninas.

La investigación, publicada en diciembre en Scientific Reports, analizó más de 3,000 muestras de perros, lobos y coyotes, descubriendo conexiones fascinantes entre la genética y la evolución canina. Lo que comenzó como una simple curiosidad sobre Cobain, un cocker spaniel americano de nueve años con orejas particularmente largas, se transformó en un proyecto científico que podría cambiar nuestra comprensión de la domesticación animal.

“Nos dimos cuenta de que aunque se había estudiado la posición de las orejas —erguidas versus caídas— nadie había investigado específicamente la longitud”, explica Tori Rudolph, genetista del laboratorio de la Universidad de Georgia en Athens donde se realizó el estudio. Esta brecha en el conocimiento motivó a los investigadores a profundizar en lo que determina que algunas razas tengan orejas que prácticamente rozan el suelo mientras otras las mantienen alerta y erectas.

La diversidad en las orejas caninas no es meramente estética. Desde una perspectiva evolutiva, las orejas cortas y erectas pierden menos calor que las largas y caídas, lo que explica por qué caninos de climas fríos como el husky siberiano tienden a tener orejas más pequeñas que razas originarias de regiones cálidas. Pero la selección artificial ha jugado un papel igualmente importante: los criadores humanos han moldeado las orejas de los perros durante siglos para propósitos específicos.

Las orejas extraordinariamente largas del basset hound, por ejemplo, funcionan como “colectores de aromas” que barren partículas odoríferas hacia su nariz, mejorando su capacidad de rastreo durante la caza. En contraste, las orejas erectas del pastor alemán podrían ofrecer una ligera ventaja auditiva, permitiéndoles detectar sonidos con mayor precisión —una característica valiosa para perros de trabajo y guardia.

El estudio del gen MSRB3 abre nuevas puertas para comprender no solo la morfología canina, sino también condiciones auditivas en humanos. Dado que este gen está asociado con la audición en nuestra especie, investigar sus variantes en perros podría proporcionar insights valiosos sobre trastornos auditivos humanos. Esta conexión interspecies subraya cómo la investigación genética en animales domésticos puede tener aplicaciones médicas inesperadas.

La metodología del proyecto combinó análisis genómico avanzado con observaciones etológicas. Los investigadores no solo secuenciaron ADN, sino que también documentaron comportamientos asociados con diferentes tipos de orejas. Cobain, el cocker spaniel que inspiró la investigación, demostró cómo las orejas caídas pueden afectar la comunicación canina —sus largas orejas a menudo se mueven de manera diferente a las de perros con orejas erectas durante interacciones sociales.

Este descubrimiento se suma a un creciente cuerpo de investigación sobre la genética canina que está revolucionando nuestra comprensión de la domesticación. Estudios previos han revelado cómo los humanos moldearon gradualmente a los lobos en las diversas razas caninas que conocemos hoy, seleccionando características tanto funcionales como estéticas. Las orejas representan solo uno de muchos rasgos que han sido modificados a través de este proceso de co-evolución entre humanos y perros.

Para los amantes de los perros y criadores, estos hallazgos ofrecen herramientas valiosas. Comprender los marcadores genéticos asociados con características específicas permite una crianza más informada y responsable. Además, podría ayudar a identificar predisposiciones a condiciones relacionadas con la estructura auditiva, mejorando el bienestar canino a largo plazo.

La investigación también tiene implicaciones para la conservación de lobos y coyotes, cuyas poblaciones enfrentan numerosas amenazas. Al comparar sus genomas con los de perros domésticos, los científicos pueden rastrear cómo la domesticación alteró ciertos rasgos físicos y comportamentales, información crucial para programas de conservación de cánidos salvajes.

Mirando hacia el futuro, los investigadores planean expandir su estudio para incluir más razas y examinar cómo las variaciones en el gen MSRB3 interactúan con otros factores genéticos y ambientales. También esperan colaborar con veterinarios para explorar posibles conexiones entre tipos de orejas y susceptibilidad a infecciones auditivas —un problema común en razas con orejas caídas como los cocker spaniel.

Este proyecto demuestra cómo la curiosidad cotidiana —en este caso, preguntarse por las orejas de un perro mascota— puede manejar a descubrimientos científicos significativos. A medida que continuamos descifrando el código genético de nuestros compañeros caninos, no solo aprendemos más sobre ellos, sino también sobre nosotros mismos y nuestro compartido viaje evolutivo.

La próxima vez que acaricies las orejas suaves de un basset hound o observes las orejas alertas de un pastor alemán, recuerda que estás presenciando el resultado de milenios de evolución, selección artificial y complejas interacciones genéticas —todo codificado en el ADN que compartimos con estas extraordinarias criaturas.

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