A red heart on a black background
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El curioso origen del símbolo del corazón: de error anatómico a emoji universal

¿Alguna vez te has preguntado por qué representamos el amor con ese símbolo rojo que parece más una fruta que un órgano real? La historia del corazón como icono romántico es una de esas curiosidades que demuestran cómo los errores pueden convertirse en tradiciones perdurables. Resulta que ese símbolo que usamos en WhatsApp, redes sociales y tarjetas de San Valentín tiene poco que ver con la anatomía real del corazón humano y mucho con malentendidos históricos que se fueron popularizando a lo largo de los siglos.

La historia comienza mucho antes de lo que imaginaríamos. En cuevas francesas de la prehistoria, la antropóloga Genevieve von Petzinger identificó símbolos con forma de corazón que datan de hace miles de años, aunque los científicos aún no saben exactamente qué representaban. Lo que sí está claro es que no eran corazones anatómicos. Los egipcios ya consideraban el corazón como el centro del intelecto y las emociones, dejándolo dentro del cuerpo durante la momificación porque creían que el difunto lo necesitaría para su viaje al más allá. Aristóteles, en el siglo IV a.C., reforzó esta idea al considerar el corazón como el órgano principal del cuerpo, donde residían la razón y las sensaciones, mientras que el cerebro solo servía para refrescarlo.

El verdadero punto de inflexión llegó con Galeno, cuyo concepto del corazón como un órgano simétrico con forma de piña piñonera sentó las bases de nuestro símbolo actual. Pero fue en el siglo XIII cuando apareció la primera representación romántica del corazón en el ‘Roman de la Poire’, un manuscrito francés donde un hombre ofrece su corazón a su amada. Esta representación estilizada, sin ventrículos ni válvulas, marcó el inicio de su uso como símbolo amoroso. Durante el siglo XIV, la iconografía fue evolucionando hasta añadir la característica hendidura superior, un error anatómico que se popularizó en el arte y que los franceses incorporaron definitivamente a la baraja de naipes en el siglo XV, estableciendo la forma que conocemos hoy.

Hoy, ese símbolo que nació de confusiones anatómicas y representaciones artísticas se ha convertido en uno de los emojis más utilizados globalmente. Es fascinante pensar cómo un error de interpretación que comenzó hace siglos sigue definiendo cómo expresamos el amor en la era digital. El corazón nos recuerda que a veces las convenciones culturales tienen más poder que la precisión científica, y que los símbolos adquieren significado no por lo que representan literalmente, sino por el valor emocional que les asignamos colectivamente a lo largo del tiempo.