El cuello de botella silencioso que frena a las startups de tecnología en América Latina
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El cuello de botella silencioso que frena a las startups de tecnología en América Latina

Imagina esto: tu startup de software, tu plataforma de suscripción para gamers o tu app de música indie por fin despega. Los usuarios de México, Colombia y Chile empiezan a registrarse en masa, las métricas se pintan de verde y el sueño de la expansión regional parece al alcance de la mano. Entonces, en medio de la euforia, alguien en la mesa lanza la pregunta que congela el ambiente: ¿y cómo les vamos a cobrar?. Esta escena, lejos de ser un guion de una serie de Silicon Valley, es el pan de cada día para cientos de empresas tech que chocan contra un muro invisible: la infraestructura de pagos.

Según Nahuel Candia, CEO de la empresa de infraestructura financiera Rebill, este es el patrón que repiten casi todas las semanas. “El producto funciona. La demanda está. Pero la capacidad para monetizar de manera simple y eficiente en más de un país de la región, no”, explica. Y los números respaldan la paradoja. El comercio digital en América Latina es una bestia en crecimiento: supera los 190,000 millones de dólares anuales solo en retail online, con una tasa de crecimiento que la posiciona como el mercado de e-commerce que más rápido crece en el mundo. Si le sumamos servicios digitales, videojuegos, streaming y demás, la cifra se dispara por encima del billón de dólares proyectado para 2027.

Pero aquí está el truco. Para cobrar con tarjeta en México, una empresa necesita crear una sociedad mexicana, obtener licencias ante la CNBV y conectarse a un procesador local. Para repetir la hazaña en Colombia o Brasil, el calvario administrativo y técnico vuelve a empezar desde cero. No existe un ‘pasarela de pagos única’ que funcione para toda Latinoamérica. Este rompecabezas regulatorio y tecnológico obliga a las empresas, especialmente a las más ágiles y jóvenes del ecosistema geek y tech, a elegir entre no expandirse o gastar recursos valiosísimos (tiempo y dinero) en construir soluciones parche que desvían el foco de lo importante: el producto y el usuario.

Este cuello de botella silencioso está moldeando, sin que muchos lo noten, el panorama digital de la región. Frena la llegada de plataformas internacionales de nicho (como ciertas apps de arte o comunidades indie) y limita el crecimiento explosivo de las locales. Mientras el usuario final, ávido de contenido, videojuegos, música y servicios, da por hecho que pagar en línea debería ser tan fácil como descargar una app, la trastienda es un laberinto de bancos, regulaciones y código. La próxima gran ola de innovación para la cultura digital latinoamericana, por tanto, podría no venir solo de una idea disruptiva, sino de quien logre resolver este problema aburrido pero crítico: conectar la demanda con una forma de pago que no dé dolor de cabeza.

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