La rápida evolución de la Inteligencia Artificial (IA) está transformando la forma en que las organizaciones identifican, gestionan y responden a las amenazas de ciberseguridad. Si bien las nuevas generaciones de modelos avanzados permiten detectar vulnerabilidades con mayor rapidez, también pueden acelerar el tiempo en que los ciberdelincuentes encuentran formas de explotarlas.
México se mantiene entre los países más atacados de América Latina por campañas de ransomware, phishing y robo de credenciales, de acuerdo con diversos reportes de firmas globales de ciberseguridad. Datos del Foro Económico Mundial indican que el número promedio de ataques semanales por organización se ha más que duplicado en los últimos cuatro años, pasando de 818 en 2021 a cerca de 2,000 en 2025.
Ante este escenario, Commvault, empresa especializada en resiliencia empresarial y recuperación ante incidentes cibernéticos, recomienda a las organizaciones adoptar una estrategia integral de preparación y recuperación que les permita mantener la continuidad de sus operaciones frente a ataques cada vez más sofisticados.
“La nueva generación de modelos de IA está cambiando por completo la velocidad con la que se descubren las vulnerabilidades. Esto obliga a las organizaciones a evolucionar sus estrategias de protección y recuperación. Ya no basta con prevenir; también es indispensable estar preparados para recuperarse de manera rápida y segura”, señaló Bruno Lobo, general manager para LATAM de Commvault.
Para ayudar a las organizaciones a prepararse para esta nueva realidad, Commvault recomienda implementar cuatro medidas fundamentales. En primer lugar, evaluar la capacidad real de recuperación: las empresas deben analizar si sus planes actuales les permitirían restablecer operaciones críticas después de un incidente de seguridad. No se trata únicamente de contar con respaldos de información, sino de verificar que los sistemas puedan recuperarse de manera íntegra y sin compromisos de seguridad.
En segundo lugar, proteger y aislar la información crítica. Las organizaciones deben mantener copias de respaldo protegidas, inalterables y separadas de sus entornos productivos. Esto permite contar con una alternativa confiable en caso de que un ataque afecte sistemas operativos, identidades digitales o infraestructura tecnológica.
La tercera acción consiste en priorizar los sistemas esenciales para el negocio. Es fundamental identificar cuáles son los procesos y plataformas indispensables para mantener la operación de la empresa, como sistemas financieros, bases de datos, aplicaciones críticas, plataformas de identidad y servicios en la nube, estableciendo un orden claro para su recuperación.
Finalmente, automatizar y probar continuamente los planes de recuperación. Las amenazas evolucionan constantemente, por lo que los planes de recuperación no pueden permanecer estáticos. Las organizaciones deben realizar pruebas periódicas, automatizar procesos de recuperación y validar continuamente que sus mecanismos de respuesta funcionen en escenarios reales.
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