Elon Musk ha puesto fin a las especulaciones sobre el futuro de Terafab, la enorme fábrica de semiconductores que Tesla y SpaceX planean construir en Texas. En una respuesta directa en X, Musk dejó claro que su empresa no cederá el control de la planta a Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), la mayor fabricante de chips por contrato del mundo.
“No, nosotros construiremos y operaremos la fábrica. Que no quede ninguna duda”, escribió Musk. “Quizás TSMC subarriende parte de Terafab si lo desea, pero nada más que eso”. Con estas palabras, el empresario cerró la puerta a cualquier escenario en el que TSMC asumiera la propiedad o la gestión del complejo.
¿Qué significa exactamente un subarriendo?
Para entender la magnitud de la declaración, conviene aclarar el término. Un subarriendo implicaría que TSMC alquilara una sección del complejo para fabricar chips, de manera similar a como un inquilino renta un piso en un edificio de oficinas. La construcción, las decisiones sobre equipos y la operación diaria permanecerían en manos de Tesla y SpaceX.
La aclaración de Musk llega después de que el periodista tecnológico Tim Culpan informara el 2 de octubre que TSMC estaba explorando formas de ayudar a operar las fábricas de Terafab. En ese momento, Musk respondió que eran “solo conversaciones, pero algo podría salir de ello”, lo que dejó abierta la posibilidad de que el gigante taiwanés tomara el timón. Su publicación más reciente cierra esa puerta definitivamente.
El contexto: ¿por qué Terafab es tan importante?
Tesla diseña actualmente sus propios chips de inteligencia artificial, pero paga a empresas externas como TSMC y Samsung para fabricarlos. En marzo, Musk presentó Terafab como un proyecto conjunto entre Tesla, SpaceX y xAI, argumentando que los proveedores existentes no pueden expandirse lo suficientemente rápido para satisfacer la futura demanda de sus compañías.
El objetivo es producir suficientes chips cada año para alimentar un teravatio de potencia informática, aproximadamente 50 veces lo que produce actualmente toda la industria global de chips de IA. Estos procesadores están destinados a los robots humanoides Optimus de Tesla, los computadores del Cybercab y la conducción autónoma total (FSD), así como a los centros de datos que SpaceX planea poner en órbita.
Ser dueño de la fábrica significa que las empresas de Musk no tendrían que competir con otros clientes por tiempo en las líneas de producción ajenas. Es un movimiento estratégico para asegurar el suministro de componentes críticos en un mercado cada vez más disputado.
Intel sigue en la ecuación
A pesar del revuelo en torno a TSMC, Intel continúa siendo parte del proyecto. La compañía firmó en abril un acuerdo para ayudar a diseñar, construir y empaquetar chips para Terafab. Su CEO, Lip-Bu Tan, declaró esta semana a Bloomberg que Intel seguirá trabajando en el proyecto a pesar de los rumores sobre TSMC.
La participación de Intel aporta experiencia en la fabricación de semiconductores, un terreno en el que Tesla y SpaceX son novatos. Sin embargo, Musk ha dejado claro que quiere aprender ese proceso internamente en lugar de entregar el control de un proyecto tan central para sus planes de robótica y autonomía.
Avances en la construcción
El proyecto pasó de la fase conceptual a la planificación de construcción durante el verano. En agosto, SpaceX confirmó el sitio en el condado de Grimes, a aproximadamente una hora de Houston, realizó un pago de 10 millones de dólares al condado como parte de su acuerdo de exención de impuestos y anunció que las obras civiles comenzarían pronto.
La primera fase tiene un costo estimado de 16,800 millones de dólares, y el gasto total en todas las fases podría alcanzar los 119,000 millones de dólares. Musk ha calificado el proyecto como “el edificio más grande y valioso de la Tierra con diferencia” y ha asegurado que será “asombrosamente hermoso”.
El presidente de TSMC, C.C. Wei, ha señalado que una nueva fábrica de este tipo suele tardar entre dos y tres años en construirse y otros dos años en alcanzar su capacidad máxima de producción. Dado que Tesla y SpaceX nunca han operado una planta de semiconductores, la experiencia de TSMC había generado gran interés. La respuesta de Musk sugiere que prefiere adquirir ese conocimiento internamente antes que ceder el control a una empresa externa.
Implicaciones para el sector
La decisión de Musk de mantener el control total de Terafab refleja una tendencia creciente entre las grandes tecnológicas: la verticalización de la producción de chips. Empresas como Apple, Google y Amazon también han desarrollado sus propios procesadores, aunque dependen de fabricantes externos para producirlos. Terafab representaría un paso más allá al internalizar también la fabricación.
Si el proyecto tiene éxito, podría alterar el equilibrio de poder en la industria de semiconductores, donde TSMC, Samsung e Intel dominan la producción global. Para Tesla y SpaceX, asegurar el suministro de chips avanzados es crucial para sus ambiciones en inteligencia artificial, robótica y exploración espacial.
Mientras tanto, la atención se centra en los próximos pasos de la construcción y en si finalmente TSMC participará de alguna forma, aunque sea como simple inquilino. Lo que es seguro es que Musk no tiene intención de ceder el timón de lo que considera una pieza clave para el futuro de sus empresas.




