Valladolid, Yucatán, febrero de 2026 – Existen rincones en el mundo que parecen trazados por la mano de la naturaleza para que el afecto prospere. Sitios donde la claridad del sol cae de forma inusitada, el ambiente huele a crónicas antiguas y cada pequeño ruido —un pájaro silbando, el movimiento de las ramas— susurra un “aquí es”. En Valladolid, Yucatán, la celebración del amor adquiere dimensiones profundas mediante los ritos mayas tradicionales. Ya sea en la suave penumbra de una gruta o junto al espejo cerúleo de un cenote, un chamán invoca las fuerzas de los cuatro rumbos. El humo del copal se eleva como plegaria, el agua bendice y la palabra sagrada une las almas.
Valladolid es un destino que enamora antes del primer encuentro físico. Ofrece a los novios e invitados un viaje transformador. Los sentidos se deleitan con sabores que brindan consuelo: cochinita tierna, tortillas humeantes y salsas vibrantes. Las calles exhiben colores que relatan historias en muros rosados o amarillos, y los textiles locales parecen nubes tejidas con destreza. La naturaleza siempre acompaña, con cenotes que custodian misterios y cielos nocturnos que parecen no tener fin.
Aquí, las horas avanzan pausadamente, permitiendo a las parejas apreciar instantes en escenarios que evocan pinturas delicadas. En el espacio místico entre la selva y la arquitectura colonial, se localiza Oriundo Luxury Nature Villas. Este es un santuario donde el romance se consagra con devoción. Escondido en el corazón verde, Oriundo representa un universo privado donde la tierra dicta el compás. Las villas se asoman entre troncos viejos, envueltas en un silencio que invita a la reflexión.
Esta magia es fruto de la filosofía de Tacenda, que visualiza la boda como una narrativa estética. Su talento para entrelazar la gastronomía, el diseño y el respeto natural transforma la celebración en una huella sobre la piel. A través de la distinción de El Mesón del Marqués y la mística de Oriundo, Grupo Mesones conecta lo terrenal con lo espiritual. Realizar una boda en este refugio es invitar a la selva a ser partícipe del juramento. Es permitir que la esencia de Valladolid cubra a los amantes con su velo mágico. Al final, hay lugares que no se limitan a ser un destino, sino que se transforman en un recuerdo que respira y permanece eternamente en el interior de quienes los descubren.





