La llegada de la inteligencia artificial (IA) ha generado un amplio espectro de reacciones en la sociedad, y un claro reflejo de ello se puede observar en las calles de Nueva York. Este otoño, junto a anuncios de aplicaciones de citas y calzado deportivo, apareció un nuevo protagonista: un collar de IA llamado “Friend”. Los carteles, que prometen una amistad digital que escucha y apoya, han sido objeto de burlas y críticas en el sistema de metro, donde muchos han expresado su desdén con mensajes como “Si compras esto, me reiré de ti en público”. Esta reacción no es casual; refleja una preocupación colectiva sobre la creciente dependencia de la tecnología para satisfacer nuestras necesidades emocionales.
La soledad se ha convertido en una epidemia en Estados Unidos, especialmente tras la pandemia de Covid-19. En un contexto donde el cirujano general del país declaró la soledad como un problema de salud pública, la idea de que la IA podría ser una solución para combatir este vacío resulta inquietante. A pesar de los avances tecnológicos en áreas como la salud y la ciencia, muchos se preguntan si realmente una máquina puede llenar el vacío que dejan las relaciones humanas. Expertos en tecnología y psicología advierten que la interacción con chatbots y compañeros virtuales puede ofrecer una falsa sensación de conexión, pero no puede sustituir la complejidad de las relaciones interpersonales.
Las plataformas de redes sociales, que inicialmente facilitaron la conexión entre personas con intereses comunes, han evolucionado a un entorno donde la interacción humana se ha visto mermada. La experiencia de la amistad se ha transformado en un intercambio superficial, donde la interacción a menudo se limita a reacciones rápidas y comentarios en publicaciones. La llegada de la IA ha llevado esta tendencia a un nuevo nivel, donde las personas pueden optar por compartir sus pensamientos y sentimientos con un bot que siempre está dispuesto a escuchar, pero sin la reciprocidad que caracteriza a las relaciones humanas.
Investigaciones recientes han revelado que un alto porcentaje de adolescentes en Estados Unidos ha interactuado con compañeros de IA, lo que plantea serias preocupaciones sobre su bienestar emocional. Algunos estudios sugieren que estas interacciones pueden llevar a pensamientos distorsionados y peligrosos. En este contexto, la IA parece ser un paliativo temporal para una crisis más profunda: la falta de conexiones humanas significativas. La ironía es que las mismas empresas que han contribuido al aumento de la soledad ahora se presentan como las salvadoras, ofreciendo soluciones tecnológicas a un problema que ellas ayudaron a crear.
Los expertos advierten que las relaciones con la IA pueden ser vistas como un tipo de relación parasocial, donde el usuario proyecta sus propias necesidades y deseos en una entidad que no tiene la capacidad de comprender o responder de manera auténtica. Aunque estas interacciones pueden ofrecer consuelo momentáneo, no abordan las habilidades sociales necesarias para construir relaciones saludables. Estos son aspectos fundamentales de la inteligencia emocional que se desarrollan a través de la interacción humana genuina.
A medida que la tecnología avanza, es esencial recordar que la búsqueda de conexión es una necesidad humana innata. Si bien la IA puede ofrecer un alivio temporal, lo cierto es que las relaciones con humanos, incluso en su forma más simple, como el saludo a un desconocido en el metro, son insustituibles. La experiencia humana se nutre de la interacción y la empatía, elementos que las máquinas no pueden replicar.
En un mundo donde la tecnología avanza rápidamente, es fundamental reflexionar sobre el tipo de conexiones que valoramos. La IA puede ser una herramienta útil, pero nunca debe reemplazar la verdadera amistad. En última instancia, la búsqueda de conexiones auténticas sigue siendo una prioridad para el bienestar emocional y social de todos.





