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Ciencia

Australia podría inspirar al mundo con un impuesto al gas

En un momento global donde los precios del petróleo se disparan, en Australia está surgiendo un movimiento para aumentar los impuestos al gas. Si tiene éxito, podría proporcionar un modelo que ayude a otros países no solo a financiar su prosperidad, sino a reducir el enorme daño causado por los combustibles fósiles.

El problema: las petroleras no pagan lo justo

Australia es el tercer mayor exportador mundial de gas licuado, después de Estados Unidos y Noruega. Sin embargo, a diferencia de estos países, los ingresos públicos que obtiene de sus recursos naturales son sorprendentemente bajos. Noruega grava fuertemente su sector petrolero y lo usa para financiar el fondo soberano más grande del mundo. Catar recauda cinco veces más que Australia, a pesar de exportar menos gas.

Australia tiene un impuesto llamado ‘Petroleum Resources Rent Tax’ (PRRT), diseñado como un impuesto a las ganancias. Pero las petroleras han encontrado formas de evadirlo. Mientras el valor de las exportaciones de gas australianas alcanza casi 50 mil millones de dólares anuales, el PRRT solo aporta alrededor de 2 mil millones. La propia oficina de impuestos australiana ha calificado a las petroleras como ‘morosas sistémicas’.

El movimiento: de las redes sociales al senado

La campaña por un impuesto a las exportaciones de gas, con una tasa propuesta del 25%, fue iniciada por el Consejo Australiano de Sindicatos (ACTU). Pero ganó impulso gracias a las redes sociales, liderada por Konrad Benjamin, un ex profesor de economía que ahora maneja el canal ‘Punter’s Politics’. Sus videos virales destacan cómo las petroleras extranjeras pagan menos impuestos que los maestros de escuela.

Benjamin recaudó casi 200,000 dólares y financió un cabildero para llevar el tema al gobierno. La atención mediática llevó al Senado australiano a realizar una investigación, donde Benjamin testificó junto con Richard Denniss, del Instituto de Australia. Este instituto calcula que el país pierde 350 millones de dólares por semana en ingresos, además de sufrir aumentos en sus propios precios de gas y electricidad.

Apoyo político y popular

Una encuesta reciente mostró que el 57% de los votantes australianos apoya el impuesto a las exportaciones de gas, y solo el 12% se opone. El movimiento ha encontrado aliados en el gobierno, como el diputado independiente David Pocock, e incluso el ex secretario del Tesoro Ken Henry. Sin embargo, el primer ministro Anthony Albanese, del Partido Laborista, se ha opuesto a la medida, calificándola de ‘deshonesta’. Esto es irónico, ya que el movimiento comenzó con sindicatos, base tradicional de su partido.

¿Un modelo global?

El éxito de este movimiento podría inspirar a otros países. Gravar a las petroleras, que todos saben que son ricas y dañinas, y usar ese dinero para servicios públicos, es una victoria en todos los sentidos. A diferencia de un impuesto al carbono, que puede ser impopular, un impuesto a las exportaciones de gas cuenta con amplio apoyo popular. Si más países adoptaran medidas similares, los precios globales de los combustibles fósiles aumentarían, acelerando la transición hacia energías renovables.

Conclusión

Como dice Richard Denniss: ‘Hacer que la industria del gas pague por su gas es buena economía y buena política’. Australia tiene la oportunidad de liderar con el ejemplo. Y si lo logra, el mundo podría aprender una valiosa lección.

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