Un equipo de científicos ha descubierto que el ADN preservado en excrementos de ardilla congelados durante miles de años ofrece una ventana única a los ecosistemas de la Edad de Hielo. Los restos, encontrados en el territorio de Yukón, Canadá, revelan detalles sobre la dieta de las ardillas terrestres y las especies que habitaban la región.
El poder del ADN antiguo
El estudio, publicado en una revista científica, analizó muestras de coprolitos (excrementos fosilizados) de ardillas terrestres del Ártico que datan de hace más de 30,000 años. Utilizando técnicas avanzadas de secuenciación genética, los investigadores lograron extraer ADN de plantas y animales que formaban parte del entorno de estos roedores.
¿Qué comían las ardillas?
Los resultados indican que la dieta de las ardillas incluía una variedad de plantas como pastos, juncos y arbustos, así como hongos. También se encontraron rastros de ADN de insectos y pequeños vertebrados, lo que sugiere que ocasionalmente complementaban su alimentación con proteína animal.
Un ecosistema compartido
Además de la dieta, el ADN reveló la presencia de otros animales que coexistían con las ardillas: mamuts lanudos, bisontes esteparios, caballos prehistóricos y leones cavernarios. Estos hallazgos ayudan a reconstruir la red trófica y las condiciones ambientales de la época.
Implicaciones para la ciencia
Este método no invasivo permite estudiar ecosistemas antiguos sin necesidad de fósiles completos. Los coprolitos actúan como cápsulas del tiempo que preservan información genética de múltiples especies. Los científicos esperan aplicar esta técnica en otros sitios para entender mejor cómo respondieron los ecosistemas a cambios climáticos pasados.
Un vistazo al pasado
La investigación no solo arroja luz sobre la vida en la Edad de Hielo, sino que también ofrece pistas sobre cómo las especies se adaptaron a condiciones extremas. En un mundo que enfrenta el calentamiento global, estos datos son valiosos para predecir futuros cambios ecológicos.





