La inteligencia artificial avanza a pasos agigantados, pero su integración en las empresas trae consigo un desafío que apenas comienza a tomar forma: la gestión de identidades no humanas. Un análisis de One Identity advierte que el crecimiento de agentes de IA, asistentes inteligentes y automatizaciones con acceso a sistemas críticos está generando un fenómeno conocido como AI Sprawl, donde los permisos se otorgan sin una visibilidad completa sobre su alcance.
De acuerdo con el análisis, cada vez más organizaciones incorporan estas herramientas digitales, pero muchas de ellas reciben permisos amplios sin que exista un control adecuado. Esto plantea un nuevo reto para la ciberseguridad empresarial: no solo se trata de adoptar la inteligencia artificial, sino de gobernar, controlar y gestionar los accesos de estas nuevas identidades digitales.
El concepto de AI Sprawl se refiere a la proliferación descontrolada de identidades no humanas —como bots, asistentes virtuales y automatizaciones— que operan dentro de los sistemas empresariales. Sin una supervisión clara, estas herramientas pueden convertirse en un punto ciego para los equipos de seguridad, exponiendo a las organizaciones a riesgos potenciales.
One Identity, firma especializada en gestión de accesos, subraya que el próximo gran desafío de la inteligencia artificial no estará únicamente en su adopción, sino en la capacidad de las empresas para mantener el control sobre quién —o qué— tiene acceso a información sensible. La falta de visibilidad sobre los permisos otorgados a estas identidades no humanas podría ser el talón de Aquiles de muchas estrategias de ciberseguridad.
El análisis no menciona casos concretos ni fechas específicas, pero deja claro que el problema ya está sobre la mesa. Para las empresas que buscan integrar IA de forma segura, la recomendación implícita es clara: antes de otorgar credenciales, hay que preguntarse quién —o qué— las está usando y con qué alcance.





