Un exhaustivo estudio publicado en Nature Cities revela que 465 áreas urbanas con más de un millón de habitantes experimentaron subsidencia —hundimiento del terreno— a un ritmo de hasta varios centímetros anuales entre 2014 y 2023. La investigación, liderada por el geofísico Guoquan Wang de la Universidad de Houston, utilizó radar satelital para medir desplazamientos milimétricos en el suelo y advierte que este fenómeno ya no es una curiosidad local, sino un problema urbano global.
¿Qué es la subsidencia y por qué ocurre?
La subsidencia es el hundimiento gradual de la superficie terrestre. Puede ser causada por factores naturales, pero en las ciudades la actividad humana suele ser el detonante principal. El peso de los edificios comprime suelos blandos, como ocurre en Nueva York. Sin embargo, la causa más común es la extracción de agua subterránea: industrias, servicios públicos y hogares bombean agua de los acuíferos, y al vaciarlos, el terreno pierde el soporte que lo mantenía firme.
«El agua subterránea sostiene el suelo como el aire a un cojín: si la extraes, el terreno se hunde lentamente», explica el estudio. A esto se suman la compactación del suelo por construcción y, en menor medida, el peso de la infraestructura urbana.
Las ciudades más afectadas
Los resultados, visualizados en un mapa interactivo, muestran que la subsidencia es más severa en el sudeste asiático, Asia occidental y central, y América del Norte. También se detectó en Sudamérica y África, regiones donde este tipo de estudios satelitales eran casi inexistentes: para casi la mitad de las ciudades analizadas, nunca antes se había realizado una medición de este tipo.
Entre las urbes con hundimiento significativo destacan:
- Nueva Orleans (EE. UU.): afectada por la compactación de sedimentos y la extracción de agua.
- Ciudad de México: con hundimientos de hasta 30 centímetros al año en algunas zonas, debido a la sobreexplotación de acuíferos.
- Yakarta (Indonesia): su situación es tan crítica que el país está construyendo una nueva capital en la isla de Borneo.
- Roma (Italia): con hundimientos moderados pero constantes.
El peligro no es solo hundirse, sino hacerlo de forma desigual
«Si toda la ciudad se hundiera suavemente una pulgada, no sería un gran problema», señala Roland Bürgmann, geofísico de la Universidad de California en Berkeley, que no participó en el estudio. El verdadero riesgo radica en la subsidencia desigual: cuando un barrio se hunde más rápido que otro, se generan tensiones que pueden agrietar cimientos, romper tuberías de alcantarillado, dañar sistemas de metro y empeorar las inundaciones.
En Yakarta, la combinación de hundimiento e inundaciones ha llevado al gobierno a trasladar la capital. En otras ciudades, como Venecia, el fenómeno agrava las inundaciones periódicas.
¿Se puede detener el hundimiento?
Una vez que ocurre, la subsidencia es «acumulativa y en gran medida irreversible», afirma Wang. Sin embargo, hay casos exitosos de mitigación. Tokio, que llegó a hundirse mucho más rápido que muchas ciudades actuales, logró frenarlo con políticas de regulación de la extracción de agua subterránea y el cambio a fuentes superficiales. En China, Pekín y Tianjín detuvieron el bombeo de agua subterránea y lo reemplazaron con agua superficial proveniente de la cuenca del río Yangtsé, lo que detuvo el hundimiento en algunas zonas.
«En la mayoría de los lugares tenemos tiempo de sobra para reaccionar», dice Manoochehr Shirzaei, geocientífico de Virginia Tech y revisor del estudio, «pero tenemos que hacerlo».
¿Qué se puede hacer?
Los expertos coinciden en que la clave está en la gestión del agua y la planificación urbana. Algunas medidas incluyen:
- Regular la extracción de agua subterránea y fomentar el uso de agua superficial.
- Implementar sistemas de recarga de acuíferos.
- Monitorear continuamente la subsidencia con radar satelital.
- Diseñar infraestructuras flexibles y adaptadas a los hundimientos diferenciales.
El estudio concluye que la subsidencia es un fenómeno global que requiere atención urgente. La buena noticia es que, con voluntad política y tecnología, es posible frenar el hundimiento y proteger a millones de personas.

