Un equipo de arqueólogos ha revelado un tesoro oculto durante milenios en el subsuelo de España: 280 grabados rupestres del Paleolítico en el interior de la Cova de la Font Major, una cueva turística en Espluga de Francolí, en el noreste del país. El hallazgo, publicado esta semana en la revista Antiquity, representa una de las mayores colecciones de arte rupestre de la península ibérica y ofrece una ventana única a la creatividad de los humanos que habitaron la región hace miles de años.
Lo más llamativo es que estas obras de arte permanecieron inadvertidas durante décadas, a pesar de que la cueva recibe visitantes desde hace tiempo. Los investigadores señalan que miles de personas han recorrido sus galerías desde que se excavó por primera vez en 1957, e incluso algunos dejaron grafitis en las paredes sin saber que estaban dañando arte del Paleolítico.
El descubrimiento incluye 55 figuras de animales, entre ellas caballos, ciervos y al menos un oso, una representación poco común en el arte rupestre de la zona. También hay formas menos reconocibles, como líneas paralelas y un grupo inusual de bucles. Según los expertos, la dificultad para detectar estos grabados se debe a la oscuridad de la cueva y a la abundancia de grafitis modernos que, a simple vista, pueden confundirse con las marcas antiguas.
Un hallazgo excepcional en Cataluña
El arte rupestre paleolítico es especialmente raro en esta parte de España. Hasta ahora, la mayoría de los hallazgos se concentraban en la región franco-cantábrica, que abarca la frontera entre España y Francia. En Cataluña solo se habían documentado dos figuras en cuevas, por lo que este descubrimiento supone un cambio radical en el conocimiento de la distribución del arte paleolítico.
“Fue una gran sorpresa”, afirma Míriam Salas-Altès, coautora del estudio y estudiante de doctorado en la Universidad Rovira i Virgili y el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA). La investigadora explica que, incluso con casco y luz frontal, las marcas pueden pasar desapercibidas en la penumbra de la cueva.
Los grabados fueron descubiertos inicialmente en 2019, pero hasta ahora se ha publicado el estudio completo. Para proteger las obras, el acceso de turistas a la cueva se ha restringido. Salas-Altès espera continuar investigando para descifrar el significado de los 280 grabados y comprender mejor la historia de la presencia humana en la cavidad.
¿Qué nos dicen estos grabados?
Por ahora, los investigadores no tienen claro si los primeros humanos utilizaron la cueva simplemente como refugio, para prácticas rituales o con otros fines. Lo que sí es seguro es que estos grabados ofrecen pistas sobre la vida y la expresión simbólica de nuestros antepasados.
Además, es posible que haya más arte rupestre por descubrir. Algunas galerías de la Cova de la Font Major han quedado rellenas de sedimentos con el paso del tiempo, y los científicos creen que al excavarlas podrían aparecer nuevas obras. “Hay más por encontrar”, señala Salas-Altès.
El hallazgo no solo amplía el mapa del arte paleolítico en la península ibérica, sino que también plantea preguntas sobre cómo estas sociedades cazadoras-recolectoras utilizaban el espacio subterráneo y qué papel jugaba el arte en su cosmovisión.
Un llamado a la conservación
La historia de la Cova de la Font Major es un recordatorio de la importancia de preservar el patrimonio arqueológico. Durante décadas, los visitantes pudieron haber dañado sin saberlo estas obras maestras de la prehistoria. Ahora, con el acceso limitado, los expertos buscan equilibrar la difusión del conocimiento con la protección del sitio.
Para los amantes de la arqueología y la historia, este descubrimiento es un emocionante capítulo que conecta el presente con las mentes creativas de hace miles de años. Y para los científicos, es solo el beginning de una investigación que promete revelar más secretos sobre los primeros artistas de Europa.

