El Parlamento Europeo dio un giro de 180 grados en su política climática para el automóvil: la comisión de Medio Ambiente votó a favor de revertir la prohibición total de vender autos de gasolina y diésel nuevos en la Unión Europea a partir de 2035. Con 48 votos a favor y 30 en contra, los legisladores aprobaron echar abajo una normativa que ellos mismos habían impulsado años atrás. La decisión importa mucho más allá de Bruselas: marca el rumbo de la industria automotriz global, incluida la que abastece a México y América Latina, y enciende las alarmas sobre la velocidad real de la transición hacia la electromovilidad.
¿Qué se aprobó exactamente?
Lo que votó la comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo fue rebajar el objetivo de reducción de emisiones de CO2 de la flota de vehículos nuevos. En lugar de exigir una reducción del 100% para 2035, el nuevo umbral queda en 87,5%. Es decir, los fabricantes ya no estarán obligados a vender únicamente autos cero emisiones en esa fecha.
Para cerrar la brecha del 7,5% restante, las armadoras podrían compensar mediante créditos por el uso de acero de bajas emisiones de carbono fabricado dentro de la UE, hasta alcanzar una meta efectiva del 95%. En el caso de las furgonetas, el objetivo para 2035 baja del 100% al 80%, un ajuste que da más oxígeno a un segmento clave para la logística y el comercio.
Un guiño a los autos pequeños y a la “libertad tecnológica”
El paquete aprobado incluye además un cambio en la forma de contabilizar las emisiones. Los vehículos pequeños de fabricación europea, de hasta 4,2 metros de largo, se contabilizarán como 1,4 vehículos al calcular las emisiones medias de la flota. En contraste, los eléctricos de alta eficiencia representarán 1,2 vehículos. En la práctica, esto incentiva la producción de autos compactos hechos en Europa y relaja la presión sobre las marcas que dependen de ellos.
“Seguirá siendo posible matricular vehículos con motor de combustión sin obligaciones de compensación, protegiendo la libertad tecnológica”, declaró el eurodiputado del Partido Popular Europeo Massimiliano Salini, en declaraciones retomadas por Europa Press. El mensaje es claro: la neutralidad tecnológica se impone sobre la ruta única hacia el auto eléctrico.
El lobby y la política detrás del volantazo
La votación no sorprendió a nadie en Bruselas. Durante años, la Comisión Europea fue cediendo terreno ante los grupos de presión de la industria automovilística, con Alemania como principal impulsora. Lo llamativo es que el cambio de rumbo contó con el respaldo de los propios socialistas, junto a populares y liberales, una alianza que en teoría defendía la agenda verde más ambiciosa.
El resultado deja a España en una posición incómoda: reclamaba mantener el veto a los motores de combustión, pero Francia y Alemania la dejaron sola en esa trinchera. El eje franco-alemán volvió a imponer su peso político en un tema que define el futuro de miles de empleos y plantas industriales en todo el continente.
¿Qué falta para que sea definitivo?
La decisión de la comisión de Medio Ambiente todavía debe ser ratificada por el pleno del Parlamento Europeo en diciembre. Sin embargo, el pacto entre populares, socialistas y liberales garantiza que saldrá adelante. Es un trámite con fecha y con resultado previsible, salvo sorpresa de última hora.
Qué significa para México y Latinoamérica
Aunque la norma es europea, sus ondas llegan directo a la industria automotriz mexicana, una de las más integradas con el mercado del Viejo Continente. Las armadoras que producen en México para exportar a Europa tendrán que revisar sus planes de electrificación: si el mercado europeo seguirá aceptando autos de combustión más allá de 2035, la presión para convertir líneas completas a eléctricos se relaja.
Esto tiene dos lecturas. Por un lado, da respiro a las plantas y proveedores que aún no completan su reconversión. Por otro, puede retrasar inversiones en electromovilidad en una región que ya va con retraso frente a China y Estados Unidos. Para los compradores latinoamericanos, la señal es que el auto de gasolina no desaparecerá tan pronto como se prometió, y que los híbridos y los motores de combustión eficientes seguirán en las vitrinas por más años.
La paradoja europea
Hay una ironía que resume la jornada: Europa propuso el veto más ambicioso del mundo al motor de combustión y ahora Europa lo tumba. El bloque que se presentaba como el líder global de la transición energética acaba de enviar una señal de flexibilidad —o de marcha atrás, según cómo se lea— a toda la industria.
El debate, sin embargo, no termina aquí. La ratificación de diciembre será el último capítulo formal, pero la discusión de fondo sigue viva: ¿puede Europa cumplir sus metas climáticas sin prohibir el auto de combustión? ¿O la competitividad industrial y el empleo pesan más que los compromisos ambientales? Por ahora, la balanza se inclinó hacia lo segundo, y el calendario de la electromovilidad global tendrá que ajustarse.
Los puntos clave de la votación
- Objetivo de CO2 para turismos: baja del 100% al 87,5% para 2035, con créditos por acero verde hasta el 95%.
- Furgonetas: el objetivo pasa del 100% al 80% para 2035.
- Vehículos pequeños europeos: se contabilizan como 1,4 unidades en el cálculo de emisiones.
- Eléctricos eficientes: cuentan como 1,2 unidades.
- Votación: 48 a favor y 30 en contra en la comisión de Medio Ambiente.
- Siguiente paso: ratificación del pleno en diciembre.
La decisión deja claro que la transición hacia el auto eléctrico no será una línea recta. Para la industria y para los conductores, la pregunta ya no es si habrá marcha atrás, sino cuántas más habrá antes de 2035.

