Hay criaturas que parecen desafiar la lógica. Un grupo de serpientes diminutas del sudeste asiático ha sorprendido a los científicos al demostrar que pueden escapar del peligro dando volteretas laterales, un comportamiento acrobático extremadamente raro en el reino animal. Un equipo de investigadores japoneses y malasios documentó por primera vez, paso a paso, cómo estos reptiles logran rodar como ruedas a velocidades de hasta 13 kilómetros por hora.
Un hallazgo que comenzó con un avistamiento extraño
La historia empezó en 2019, cuando un colega del ecólogo Yosuke Kojima, de la Universidad de Toho en Chiba, Japón, le contó que había visto a una serpiente realizar un movimiento “muy extraño” en Sarawak, Malasia. No fue hasta años después que el equipo pudo estudiar el fenómeno con rigor. En 2023 se compartieron las primeras imágenes de una serpiente de caña enana (Pseudorabdion longiceps) dando volteretas para huir, y ahora los videos de tres especies del género Pseudorabdion ofrecen una mirada mucho más detallada.
Los resultados se publicaron el 19 de octubre en la revista Current Biology, y han despertado el interés de especialistas en biomecánica y comportamiento animal.
Cómo logra una serpiente dar una voltereta
El movimiento es tan preciso como sorprendente. Según describen los investigadores, cada serpiente comienza con el cuerpo curvado en forma de C, con la cabeza levantada del suelo y apuntando hacia la dirección en la que quiere ir. Después, lanza la cola hacia atrás con fuerza, quedando brevemente en el aire. Luego gira la cola hacia adelante y hacia abajo, pasando por encima de su cabeza. Cuando la cola toca el suelo frente a ella, comienza un nuevo giro.
El proceso completo se puede resumir en tres fases:
- Impulso inicial: el cuerpo se curva en C y la cabeza se eleva.
- Salto y giro: la cola se lanza hacia atrás y luego se eleva por encima de la cabeza.
- Contacto y reinicio: la cola toca el suelo a un lado de la cabeza y el ciclo vuelve a empezar.
En los videos, los científicos observaron que algunas serpientes apoyan la cola del lado izquierdo de la cabeza, mostrando su vientre blanquecino, mientras que otras la apoyan del lado derecho, exhibiendo el dorso más oscuro. Este detalle sugiere cierta flexibilidad en la técnica.
Velocidad y control: un equilibrio asombroso
Para poner a prueba sus habilidades, el equipo recolectó serpientes en el Parque Nacional Kubah, en Malasia. Capturaron 11 ejemplares de P. saravacense, uno de P. collaris, uno de P. longiceps y seis serpientes de caña del género Calamaria para comparar. Encontrarlas no fue sencillo: miden entre 11 y 28 centímetros y suelen esconderse bajo las hojas.
Los investigadores construyeron una pista de 2.2 metros de largo y colocaron a las serpientes una por una en un extremo. Un suave toque las animaba a moverse, mientras cámaras colocadas arriba y a los lados registraban la acción. Ninguna de las Calamaria dio volteretas, pero todas las Pseudorabdion sí lo hicieron.
A máxima velocidad, rodaban entre 1.7 y 3.7 metros por segundo, es decir, entre 6 y 13 kilómetros por hora. A lo largo del movimiento, las serpientes mantenían la cabeza bastante estable, algo que recuerda a cómo las serpientes voladoras estabilizan su cabeza al lanzarse al aire.
¿Por qué solo algunas especies pueden hacerlo?
Jessica Tingle, bióloga de la Universidad de Brown en Providence, Rhode Island, y que no participó en el estudio, se mostró fascinada. “Qué comportamiento tan increíble”, comentó. “Me parece especialmente asombroso que un animal alargado como una serpiente pueda rodar, sobre todo porque lo hace de forma tan explosiva, lo que probablemente exige mucho de sus músculos y huesos”.
Tingle también plantea preguntas abiertas: “Tengo mucha curiosidad por saber cómo evolucionó un movimiento tan extraño y posiblemente demandante… si las serpientes de caña enanas tienen algo especial en su anatomía, fisiología o control neural que les permite hacerlo cuando sus parientes cercanos aparentemente no pueden o no lo hacen”. Y añade: “¿Son sus cerebros diferentes de alguna manera para coordinar un movimiento rápido e inusual? ¿O todas las serpientes tienen el equipo básico y simplemente no lo usan?”.
Un mito del siglo XIX que resultó ser real
El hallazgo también resuelve una vieja duda. En el siglo XIX, algunos autores hablaban de “serpientes aro” y describían su movimiento como rodante, pero a Tingle le parecía fantasioso. “Lo atribuí a imaginaciones demasiado inventivas”, confiesa. Ahora, los videos de Kojima y su equipo demuestran que existe un animal real capaz de algo muy parecido a esa vieja historia fantástica.
Los autores del estudio señalan que aún quedan misterios por resolver, como si este comportamiento es exclusivo de estas especies o si otras serpientes podrían desarrollarlo en circunstancias específicas. Mientras tanto, las volteretas de estas pequeñas serpientes se han convertido en un recordatorio de que la naturaleza sigue guardando trucos asombrosos, incluso en los animales más pequeños y aparentemente simples.

