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viernes, 23 de octubre de 2026
Ciencia

Los pájaros temen más a las mujeres que a los hombres, según estudio

Un estudio en cinco países europeos revela que 37 especies de aves huyen antes de las mujeres que de los hombres. Los científicos no saben por qué.

Por GenC4 min de lectura0 comentarios
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Imagen ilustrativa
Imagen ilustrativa

Un equipo de investigadores ha detectado un patrón sorprendente en el comportamiento de las aves urbanas: en cinco países europeos y en 37 especies distintas, las aves se alejan volando antes cuando se les acerca una mujer que cuando se aproxima un hombre. El hallazgo, publicado en una revista científica, deja a los expertos sin una explicación clara y abre preguntas fascinantes sobre cómo perciben los animales a los seres humanos.

Qué encontraron exactamente los científicos

El estudio no se limitó a una sola ciudad ni a una sola especie. Los investigadores recorrieron distintos entornos urbanos en cinco países europeos y observaron a 37 especies de aves, desde gorriones y palomas hasta córvidos y aves de mayor tamaño. En cada encuentro midieron la distancia de huida: es decir, a qué distancia del humano el animal decide escapar.

El resultado fue consistente: la distancia de huida era mayor cuando la persona que se acercaba era una mujer. En términos simples, las aves reaccionaban antes y se alejaban más rápido frente a figuras femeninas.

Por qué este dato llama tanto la atención

La distancia de huida es un indicador clásico en el estudio del comportamiento animal. Refleja cuánto riesgo percibe un animal ante una amenaza potencial. Que un factor aparentemente tan simple como el sexo de la persona que se acerca altere esa percepción abre varias interrogantes.

  • ¿Las aves distinguen diferencias sutiles en el tamaño o la complexión?
  • ¿Influye la forma de caminar, la velocidad o la postura?
  • ¿Hay diferencias en la ropa, el calzado o los accesorios que usan las personas?
  • ¿Podría tratarse de un aprendizaje acumulado en entornos urbanos?

Los propios autores reconocen que no tienen una respuesta definitiva. No encontraron una variable obvia que explique el fenómeno, y eso es precisamente lo que lo vuelve interesante.

Las hipótesis que se barajan

Aunque no hay una conclusión cerrada, los investigadores manejan algunas posibles explicaciones. Ninguna es concluyente, pero todas ofrecen pistas para futuros estudios.

Diferencias en el movimiento y la postura

Hombres y mujeres pueden presentar diferencias promedio en estatura, complexión y forma de caminar. Para un ave que evalúa riesgos en fracciones de segundo, esos detalles podrían marcar la diferencia entre quedarse o huir.

El papel de la experiencia previa

Las aves urbanas aprenden de sus interacciones con las personas. Si en ciertos contextos las mujeres han sido más propensas a acercarse, alimentar o interactuar de forma impredecible, los animales podrían haber desarrollado una respuesta más cautelosa.

Sesgos en la percepción del riesgo

También cabe la posibilidad de que las aves no distingan “hombre” o “mujer” como categorías, sino que respondan a un conjunto de señales visuales y de comportamiento que, en promedio, se asocian con uno u otro grupo en los entornos estudiados.

Por qué importa estudiar la fauna urbana

La convivencia entre aves y personas en las ciudades es cada vez más intensa. Entender cómo perciben los animales a los humanos no es un capricho académico: tiene implicaciones para el diseño de espacios urbanos, la conservación de especies y la gestión de conflictos en parques y plazas.

Si las aves ajustan su comportamiento según quién se les acerca, los planes de manejo y las zonas de descanso para fauna podrían beneficiarse de esa información. También ayuda a interpretar mejor los censos de aves y los estudios de biodiversidad urbana.

Un misterio que pide más investigación

Los científicos insisten en que el estudio es una primera fotografía, no una explicación completa. La muestra abarca cinco países y 37 especies, lo que da solidez al patrón, pero no permite aislar la causa. Para responder al “por qué” harían falta experimentos controlados que varíen un factor a la vez: altura, ropa, velocidad de aproximación, dirección de la mirada.

Mientras tanto, el hallazgo deja una lección interesante: incluso en algo tan cotidiano como caminar por un parque, los animales están leyendo señales que nosotros apenas percibimos. La próxima vez que un gorrión se aleje antes de lo esperado, quizá valga la pena preguntarse qué está viendo exactamente.